martes, 30 de agosto de 2011

Sony trabalha em ‘óculos de legendas’ para cinemas, ideal para surdos


Posted: 30 Aug 2011 01:30 AM Fuente:/www.deficienteciente.com.br/2011/08/sony-trabalha-em-oculos-de-legendas-para-cinemas-ideal-para-surdos.htm

Óculos em desenvolvimento pela Sony (Foto: BBC News)
Pessoas com deficiência auditiva enfrentam um grande problema nas salas de cinema, notadamente em filmes dublados ou nacionais, que há muito tempo ainda não foi resolvido: a péssima experiência que é assistir um filme sem legendas. Visando combater tal problema está pronto para votação um projeto de lei (PLS 122/11) que visa tornar obrigatória a utilização de legendas em português ou da Língua Brasileira de Sinais* (Libras) nas exibições de filmes nacionais, e da audiodescrição nas projeções de filmes nacionais e estrangeiros.
Mas esse problema não ocorre só no Brasil, e sim no mundo inteiro. Pensando nisso, a Sony tem trabalhado em uma solução definitiva: óculos especiais que permitam aos usuários ver as legendas diretamente na frente de seus olhos.
O seu funcionamento entrega um resultado semelhante ao das legendas sobrepostas no telão, porém, colocadas na lente dos óculos. A impressão dada pelos óculos é de que as legendas estão na mesma distância da tela do cinema, e não deixando elas “flutuar”.
As vantagens dos óculos não param por aí. O uso desses óculos poderá ser estendido para outras situações como, por exemplo, para um turista que esteja vendo filme estrangeiro fora de seu país.
Os óculos começarão a ser utilizados a partir do ano que vem em cinemas do Reino Unido.
A Sony está de olho nas possibilidades futuras de sua tecnologia também. Uma aplicação possível será na transcrição de conversação simultânea para que os surdos possam ler o que está sendo dito.
Fonte: BBC News; Techtudo
*De acordo com o consultor de inclusão, Romeu Sassaki, o termo correto é Língua de Sinais Brasileira. Trata-se de uma língua e não de uma linguagem.

4 de Sepiembre Dia de la Salud Sexual-

La mirada de la discapacidad cambia’?


En pleno SXXI desde distintos sectores, actores involucrados tratamos de una u otra forma dar a conocer a las personas, a las personas que por alguna circunstancia de vida presentan alguna discapacidad, o afección que impide su funcionalidad.
Los conceptos van cambiando y para poder hacerlos nuestros, internalizarlos, hay que apropiarse de ellos, creer en ellos… no solo repetirlos como simples palabras.
Esta actitud exige un compromiso de las partes y ese compromiso, (aquí lo relaciono con la sexualidad, “se nota”, “se palpa”, “se respira” y “se vive”) .
Hoy hablamos de apoyos… apoyos en los cuales las personas pueden tomar, para de esta manera seguir en el camino de la integración, la inclusión, la igualdad, los derechos sexuales, etc,
Todos actuamos o funcionamos como eslabones de esta gran cadena que significa: IGUALDAD.
En el día de hoy quería dejar este simple pensamiento, para meditarlo, para hacerlo propio, o para reflexionar si desde el lugar donde me encuentro funciono como apoyo… como eslabón…o como impedimento…
Hasta la próxima!

María Elena Villa Abrille
Psicología-Sexóloga Clínica
Acreditada por SASH
(Sociedad Argentina de Sexualidad Humana)
Bs As Argentina

Inestabilidad atloaxoidea - Inestabilidad atloaxoidea: nuevas orientaciones (2011)



Índice de Artículos

Fuente: http://www.down21.org/web_n/index.php?option=com_content&view=article&id=434%3Ainestabilidad-atloaxoidea&catid=81%3Aproblemas-de-salud&Itemid=2069&limitstart=1
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Inestabilidad atloaxoidea: nuevas orientaciones (2011)

La Academia Americana de Pediatría ha publicado en la revista Pediatrics un extenso informe clínico en el que revisa las normas de supervisión a los niños con síndrome de Down, elaborado por su Comité de Genética, bajo la dirección de Marilyn J. Bull (Clinical Report – Health Supervision for Children with Down Syndrome. Pediatrics 2011; 128: 393-406).
En relación con el cuadro de inestabilidad atloaxoidea establece algunas modificaciones a anteriores recomendaciones. Traducimos a continuación lo descrito en este tema.

Debe el pediatra comentar con los padres, al menos cada dos años, la importancia de las precauciones que se han de tomar en las posiciones de la columna cervical para protegerla, en las intervenciones radiológicas, anestésicas o quirúrgicas. Es preciso llevar a cabo una historia y examen físico cuidadosos, prestando particular atención a los signos y síntomas mielopáticos en cada visita programada o cuando se expongan síntomas que puedan ser atribuibles a una implicación de la médula espinal: dolor del cuello, dolor radicular, debilidad, espasticidad o cambio de todo, dificultades en la marcha, hiperreflexia, modificaciones en la función intestinal o vesical. Por eso se ha de instruir a los padres que contacten a su médico cuando aparezcan algunos de estos síntomas como son los cambios en la marcha, en el uso de sus brazos o manos, en la función intestinal o vesical, dolor en el cuello, cambios de posición de la cabeza, rigidez del cuello, tortícolis, posición de la cabeza, debilidad.


El niño asintomático

Los niños con SD tienen mayor riesgo de presentar subluxación atloaxoidea. Sin embargo, el niño debe esperar a los 3 años de edad para alcanzar la adecuada mineralización de las vértebras y el desarrollo de las epífisis, que permitan evaluar adecuadamente la radiografía de la columna cervical (Locke et al., 1966). Las radiografías simples no predicen bien qué niños tienen mayor riesgo de desarrollar un problema de la columna, y las radiografías normales no consiguen asegurar que el niño no vaya a desarrollar problemas espinales más adelante (Burke et al., 1985; Morton et al., 1995). Por estos motivos, no se recomienda realizar rutinariamente una evaluación radiológica de la columna cervical en niños asintomáticos. Los datos de que disponemos actualmente no apoyan la realización de rastreos radiológicos rutinarios para evaluar la posibilidad de una inestabilidad atloaxoidea en los niños asintomáticos (Davidson, 1988; Roy, 1990; Selby et al., 1991; Pueschel et al., 1992; Cremers et al., 1993; White et al., 1993; American Academy of Pediatrics, 1995; Ferguson et al., 1997; Nader-Sepahi et al., 2005; Cohen, 2006). Debe avisarse a los padres que la participación en algunos deportes, como son los que tienen contacto (p. ej. el fútbol) y la gimnasia (especialmente en edades más avanzadas) pone a los niños en mayor riesgo de lesión de la médula espinal (Pizzutillo y Herman, 2005), y que el uso del trampolín debe ser evitado por niños menores de 6 años, tengan o no síndrome de Down, e incluso niños mayores a menos que dispongan de una directa supervisión profesional (American Academy of Pediatrics, 1999; Maranich et al., 2006). Special Olympics exige requisitos específicos de rastreo para la participación en algunos deportes  (Special Olympics, 2004).


El niño sintomático

Cualquier niño que muestre de forma clara alguno de los signos y síntomas sugerentes de mielopatía que anteriormente hemos descrito, debe hacérsele una radiografía simple de la columna cervical en posición neutra (Davidson, 1988; Pizzutillo y Herman, 2005). Si se aprecian anomalías radiográficas importantes en la posición neutra, no deben hacerse más radiografías sino referirlo tan pronto como sea posible a un neurocirujano pediátrico o un cirujano ortopédico pediátrico  con experiencia en la evaluación y el tratamiento de la inestabilidad atloaxoidea. si las anomalías radiográficas que se observan no son importantes, debe obtenerse radiografías en flexión y extensión antes de que el niño sea referido al especialista  (Brockmeyer, 1999; Ferguson et al., 1997; Nader-Sepahi et al., 2005).

Bibliografía

American Academy of Pediatrics, Committee on Injury and Poison Prevention and Committee on Sports Medicine and Fitness. Trampolines at home, school, and recreational centers. Pediatrics. 1999;103(5 pt 1):1053-1056.
American Academy of Pediatrics, Committee on Sports Medicine and Fitness. Atlantoaxial instability in Down syndrome: subject review. Pediatrics. 1995;96(1 pt 1):151-154
Brockmeyer D. Down syndrome and craniovertebral instability: topic review and treatment recommendations.  Pediatr Neurosurg 1999; 31(2):71-77.
Burke SW, French HG, Roberts JM, Johnston CE, Whitecloud TS, Edmunds JO. Chronic atlanto-axial instability in Down syndrome. J Bone Joint Surg Am. 1985;67(9): 1356-1360.
Cohen WI. Current dilemmas in Down syndrome clinical care: celiac disease, thyroid disorders, and atlantoaxial instability. Am J Med Genet C Semin Med Genet. 2006; 142C(3):141-148
Cremers MJ, Bol E, de Roos F, van Gijn J. Risk of sports activities in children with Down's syndrome and atlantoaxial instability. Lancet. 1993;342(8870):511-514.
Davidson R. Atlantoaxial instability in individuals with Down syndrome: a fresh look at the evidence. Pediatrics. 1988;81 (6):857-865.
Ferguson RL, Putney ME, Allen BL Jr. Comparison of neurologic deficits with atlantodens intervals in patients with Down syndrome. J Spinal Disord. 1997;10(3):246-252
Locke G, Gradner J, Van Epps E. Atlas-dens interval (ADI) in children: a survey based on 200 normal cervical spines. Am J Roentgenol Radium Ther Nucl Med. 1966;97(1):135-140.
Maranich AM, Hamele M, Fairchok MP. Atlanto-axial subluxation: a newly reported trampolining injury. Clin Pediatr (Phila).2006;45(5):468-470
Morton R, Khan C, Murray-Leslie C, Elliott S. Atlantoaxial instability in Down's syndrome: a five year follow-up study. Arch Dis Child. 1995;72(2):115-119.
Nader-Sepahi A, Casey A, Hayward R. Crockland A, Thompson D. Symptomatic atlantoaxial instability in Down syndrome. J Neurosurg. 2005;103(3 suppl):231-237
Pizzutillo P, Herman M. Cervical spine issues in Down syndrome. J Pediatr Orthop. 2005;25(2):253-259
Pueschel SM, Scola FH, Pezzullo JC. A longitudinal study of atlanto-dens relationships in asymptomatic individuals with Down syndrome. Pediatrics. 1992;89(6 pt 2):1194-1198
Roy M. Atlantoaxial instability in Down syndrome: guidelines for screening and detection. J R Soc Med. 1990;83 (7):433- 435.
Selby K, Newton R. Gupta S, Hunt l. Clinical predictors and radiological reliability in atlantoaxial subluxation in Down's syndrome.Arch Dis Child. 1991;66(7):876-878
Special Olympics Inc. Section 6.02 9. (g): participation by individuals with Down syndrome who have atlanto-axial instability. In: Special Olympics Official General Rules.Washington, DC: Special Olympics Inc; 2004:66
White K, Ball W, Prenger E, Patterson B, Kirks D. Evaluation of the craniocervical junction in Down syndrome: correlation of measurements obtained with radiography and MR imaging. Radiology. 1993;186(2):377-382.





La educación en el síndrome de Down: ¿Cómo y hacia dónde vamos?


Artículo profesional: ¿Cómo y hacia dónde vamos?

 Fuente: http://www.down21.org/web_n/index.php?option=com_content&view=category&id=1054:articulo-profesional&Itemid=169&layout=default

La educación en el síndrome de Down:
¿Cómo y hacia dónde vamos?

Isidoro Candel Gil


Resumen

La educación es el instrumento más valioso de que disponemos para realizar el proyecto de vida. Como para cualquier persona, la educación del niño y del adolescente con síndrome de Down ha de basarse en sus cuatro pilares fundamentales (informe Delors para la UNESCO): aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a convivir, aprender a ser. Por consiguiente, aunque es importante que el niño adquiera habilidades y aprendizajes en varias áreas, lo que de verdad importa es la estabilidad familiar, la creación a su alrededor de un clima que favorezca la integración social y su desarrollo. El realismo nos llevará a conocer sus puntos fuertes y débiles, y en función de ellos implantaremos los ejemplos y modelos de referencia, sabiendo compaginar el cariño con la exigencia. Puesto que se trata de educar para la vida, hay que prestar atención a la creación de hábitos sociales de adaptación y estrategias que le permitan ir resolviendo sus problemas. Es preciso mantener la coherencia y no mostrar comportamientos ambivalentes. Tampoco se trata de agotar al niño con múltiples terapias y profesores. Es prioritario que haya un buen entendimiento entre los padres y los profesionales: éste es un punto en el que todos tenemos mucho que aportar.

Justificación

Después de veinte años en los que se ha desplegado un trabajo impresionante en la intervención educativa en niños con síndrome de Down, tal vez sea éste un buen momento para reflexionar, en vez de volver a insistir en cuestiones que han sido repetidas miles de veces, y que todos nos sabemos casi de memoria. No es mi intención, por tanto, entrar en detalles técnicos acerca de las características psicológicas de los niños con síndrome de Down, ni de las metodologías más apropiadas para enseñarles a adquirir diversas habilidades.
         Ante todo, me gustaría empezar preguntándome qué entendemos por EDUCACIÓN. Son muchas las definiciones, y no nos vamos a detener en cuestiones conceptuales, etimológicas o semánticas. Podemos entender la educación como “la ayuda que una persona, un grupo o una institución presta a otra persona o a otro grupo, para que se desarrolle y perfeccione en los diversos aspectos de su ser (materiales y espirituales, individuales y sociales), dirigiéndose así hacia su fin propio”. Desde un punto de vista fenomenológico, distinguimos en el proceso educativo un aspecto externo y un aspecto interno, que se sustenta en el potencial de educabilidad del individuo, que no es fijo ni inmutable, sino que puede ser acrecentado por la educación en dimensiones, funciones y grados.
         En este sentido, la educación es un aprendizaje generativo y promotor de perfeccionamiento y progreso en todas las facetas de la vida. El ser humano, aunque tenga limitaciones, es un ingenioso y eficaz aprendiz de todo. Hemos de ver la educación como acción, es decir como dotación de posibilidades que permitan la actualización de ese potencial de educabilidad, que todo individuo tiene. Lo que hace falta es adaptar esa dotación a las características personales del educando.
         Una primera conclusión que se desprende de este razonamiento, es que la educación no se puede reducir a la mera instrucción. El niño, el que sea, es algo más que un simple receptor de conocimientos académicos. Su meta en la vida no consiste en acudir a un centro educativo, recibir unas clases, o seguir adaptaciones curriculares cargadas de contenidos, muchas veces sin ninguna significación para él.

Pilares de la educación

         En esta línea, me parece oportuno recordar algunos aspectos recogidos en el Informe Delors, elaborado por una comisión internacional para la educación en el siglo XXI, a petición de la UNESCO. En este documento se propone trascender la visión puramente instrumental de la educación, considerada como la vía necesaria para obtener resultados (dinero, carreras, etc.), y supone cambiar para considerar la función que tiene en su globalidad la educación: la realización de la persona, que toda entera debe aprender a ser. En el informe se explican los cuatro pilares de la educación:

  • Aprender a conocer: dominar los instrumentos del conocimiento, vivir dignamente y hacer cada uno su propio aporte a la sociedad. En el fondo, debe haber el placer de conocer, comprender y descubrir.
  • Aprender a hacer: se trata de adquirir competencias personales: trabajar en grupo, tomar decisiones, relacionarse...
  • Aprender a convivir: además de descubrir que tenemos diferencias con los otros, sobre todo interesa saber que tenemos interdependencias, que dependemos los unos de los otros. Se trata, por tanto, de resaltar la diversidad.
  • Aprender a ser: es el desarrollo total y máximo posible de cada persona.

Pienso que educar es ayudar a crecer como persona y, aunque sea importante que el niño sepa cosas, no lo es menos que esos aprendizajes tengan un sentido, una finalidad. Hay que educar para la vida, para que ese niño, con sus posibilidades y sus limitaciones, sea capaz de formarse para llevar una existencia lo más digna y plena posible, en todos los aspectos.
Para ello, hemos de tener muy claro, desde el principio, qué queremos para nuestros hijos. Es lógico que todo padre, que toda madre, diga que quiere lo mejor; pero también es cierto que a veces nos podemos confundir. Al ser la deficiencia intelectual el rasgo más notable de la persona con síndrome de Down, la adquisición de logros y habilidades puede llegar a convertirse en una obsesión más que en un objetivo, dejando a un lado otras cuestiones que se consideran menos importantes.
Ya dije hace un momento que no iba a entrar en cuestiones técnicas porque, a mi juicio, eso supondría dar una visión muy parcial de la persona con síndrome de Down. Y me interesa, antes bien, el desarrollo y el perfeccionamiento de los aspectos de su ser.

Proyecto de vida

Lo primero que han de planificar los padres, es el proyecto de vida de su hijo; es decir qué esperan de él, que piensan hacer con su vida, cuáles son sus expectativas, sus aspiraciones, sus temores, sus realidades. Es una cuestión complicada, por cuanto, sobre todo en los primeros meses, no están en condiciones de hacerse muchos planteamientos por sus lógicas dificultades de ajuste a la nueva situación. En esos primeros momentos, los educadores jugamos un papel importante en cuanto a la provisión de apoyo, información y asesoramiento, características esenciales del programa de atención temprana, que no debe centrarse en la mera adquisición de habilidades por parte del niño, sino que, de manera prioritaria, debe favorecer la adaptación de los padres y fomentar unos adecuados patrones socio-comunicativos.
Lo más importante no es que el niño se limite a aprender y a hacer cosas, consecuencia directa de la ansiedad y preocupación de sus padres. Por supuesto que el niño debe adquirir habilidades y aprendizajes en varias áreas, pero lo que de veras importa es la estabilidad familiar, la creación de un clima que favorezca la integración y el desarrollo del niño. ¿De qué nos sirve que el niño aprenda a hacer torres o a garabatear, sin más, si no hay un buen ajuste de los padres y los hermanos, si no se han diseñado unas condiciones físicas adecuadas en el hogar, si no se tiene en consideración la importancia de las relaciones socio-afectivas? ¿Qué sentido tiene cargar las tintas en tratamientos intensivos o en dar al niño más sesiones de estimulación en el Centro, como si se quisiera disfrazar una situación familiar inapropiada para el desarrollo del niño?

Conocer e intervenir

Siempre se ha dicho que a un niño con una discapacidad hay que tratarlo de la misma manera que a los demás. Si esto es así, que efectivamente lo es en líneas generales, nos servirán para los niños con síndrome de Down los mismos principios educativos que utilizamos para la población general.
Un aspecto a tener en cuenta, es el conocimiento que deben tener los padres de las características de su hijo con síndrome de Down, de su temperamento, de su forma de ser y relacionarse con el medio: los aspectos cualitativos de su conducta. Conocer los puntos fuertes y los puntos débiles será fundamental a la hora de jugar, de exigirle y ayudarle, de plantear proyectos y actividades. Las expectativas de los padres deberán, por tanto, ser realistas, ajustadas a esas características personales, desechando percepciones engañosas y erróneas que falsean la realidad y que, a la larga, son perjudiciales para todos.
Otro aspecto a analizar es el del ejemplo y la implantación de unos modelos de referencia coherentes y adecuados. No infravaloremos a un niño con SD pensando que no se va a enterar de casi nada. No basemos su educación en un continuo proceso de habilitación y entrenamiento. Ese niño es, ante todo, una persona, y como tal hemos de tratarlo, inculcándole unos valores, unos principios que le orienten a conducirse como un ciudadano digno y respetable, en la medida de sus posibilidades.
Tratarlo como a uno más significa también saber compaginar cariño y ayuda con exigencia. Es lógico que los padres caigan en la tentación de un proteccionismo excesivo; pero deben ser conscientes que su hijo con síndrome de Down necesita, para desarrollarse, unos niveles de exigencia acordes con sus capacidades y características. Si otro hermano tiene sus encargos y responsabilidades en casa, ¿por qué no el niño con síndrome de Down?
A este respecto, llama la atención el comportamiento contradictorio que se observa con mucha frecuencia: al tiempo que se es muy condescendiente con algunas conductas y actuaciones del niño con síndrome de Down, y se hace lo posible por evitarle esfuerzos, se le somete a un ritmo de trabajo impropio, dando por supuesto que existe una relación entre intensidad del tratamiento y mejora en el desarrollo: cuantas más horas de logopedia, mejor hablará; cuantas más actividades extraescolares, más aprenderá.
En una ocasión le pregunté a la madre de un niño con síndrome de Down que empezaba su jornada laboral a las 9 horas y la terminaba a las 7 u 8 de la tarde:
─Si tu hijo no tuviera síndrome de Down, ¿harías con él lo mismo? ─Se quedó perpleja, y después de pensárselo un rato, me contestó:
─Pues la verdad es que no.
Creo que la mayoría de los padres se preocupan por sus hijos con síndrome de Down. Lo que hace falta es que se impliquen no sólo en la intervención, sino también en todo el proceso educativo.

Educar para la vida


Comentaba antes que lo importante es educar para la vida. Eso supone prestar una mayor atención, desde el principio, a la conducta adaptativa. Si de veras creemos en la integración, nuestro primer objetivo debe ser la consecución de los mejores niveles posibles de adaptación del niño a la vida familiar, escolar, laboral y social. Para ello, es fundamental que fomentemos sus habilidades sociales y sus hábitos de autonomía. ¿Es mejor entrenar a un niño para que se limite a aprender cosas convirtiéndolo en un objeto de rehabilitación, o enseñarle a adquirir estrategias que le permitan ir resolviendo los problemas con que se va a encontrar en su vida? ¿No es cierto que todos nos empeñamos más de la cuenta en la consecución de unos objetivos determinados, que luego resultan ser más intrascendentes de lo que imaginábamos? ¿Y que muchas veces lo hacemos de forma artificial, sin buscar ninguna aplicación?
No olvidemos que los niños con síndrome de Down tienen unas limitaciones cognitivas, por lo que es preferible recurrir a actividades muy funcionales y a aprendizajes significativos, adaptándonos a sus características y procurando que no aparezcan conductas de evitación por su baja tolerancia a la frustración y por su resistencia a los cambios y novedades. Por otro lado, tampoco debemos olvidar que la inteligencia no es algo estático, limitado a unos aspectos que se resaltan demasiado en las pruebas psicológicas, pero que después no le sirven al niño para casi nada. La función de la inteligencia es dirigir el comportamiento para resolver bien nuestros problemas vitales, afectivos o profesionales, para saber elegir nuestras metas y poder realizarlas: tiene, por tanto, una finalidad práctica. La inteligencia de la que estamos hablando tiene que saber aprender y, sobre todo, tiene que disfrutar aprendiendo; la inteligencia es cuestión de entrenamiento y, por lo tanto, tiene sus técnicas y sus estrategias.
Dinamicemos, entonces, nuestros procesos de enseñanza-aprendizaje, apostando por unos objetivos mucho más naturales y operativos que, sin duda, beneficiarán más a nuestros chicos. Y, por supuesto, prioricemos los aspectos sociales y de adquisición de autonomía personal para que ellos dispongan de más y mejores herramientas en su difícil carrera de obstáculos.

Coherencia

Otra cuestión de interés en este entramado hace referencia a la coherencia educativa por parte de las personas que tienen relación con el niño. Los comportamientos ambivalentes no suelen dar buenos resultados ya que, como mínimo, confunden al niño objeto de ellos. Los padres, los hermanos, los abuelos, los distintos profesores, deben ir al unísono en sus intentos por ayudar al niño a desarrollarse y madurar. Es muy fácil caer en posturas esquizofrénicas, habida cuenta del elevado número de personas que rodean al niño: además de la familia, el profesor tutor, el profesor de apoyo y el logopeda del colegio, los profesores especialistas, los profesionales de la Asociación, los voluntarios, algún que otro profesor particular, la profesora de danza, el profesor de judo... No es de extrañar que el niño acabe hecho un lío a veces. Un día me dijo una madre que, pese a todos sus esfuerzos y a las muchas horas de logopedia, su hija con síndrome de Down apenas hablaba; yo pensé, sin decir nada: «menos mal, porque si hablara..., nos mandaría a todos a paseo».

Padres y profesores: conocimiento y respeto mutuos

A este respecto, considero de gran interés la estrecha relación que debe haber entre los padres y los profesores, cuestión nada fácil de la que hablamos mucho, pero que sigue siendo una asignatura pendiente, en líneas generales. Los padres de los niños discapacitados escolarizados en centros ordinarios, suelen quejarse de un trato diferente por parte del profesorado. Asimismo, se sienten molestos por la escasa información que se les da sobre la evolución de sus hijos en el colegio. A su vez, los profesores se defienden con argumentos que tienen que ver con la escasa formación que ellos tienen sobre la discapacidad y los alumnos discapacitados. Igualmente, señalan que, en no pocas ocasiones, los padres tienen una actitud rígida y demasiado cerrada, que dificulta esa comunicación, tan necesaria.
Unos y otros tienen razón. Pero yo aquí estoy hablando a padres y madres y tengo que andar por un sendero muy concreto. Pienso que es verdad que los padres se cierran a veces en posturas poco realistas, muy a la defensiva, desoyendo argumentos razonables. Deben confiar un poco más en los profesionales, aunque a veces nos equivocamos, y pensar que buscamos lo que creemos que es mejor para los niños. Un ámbito especialmente conflictivo es el de la escolarización. Hemos hecho de la integración escolar un fin en sí misma, imaginando que el centro específico es poco menos que el infierno; y cuando un profesional aconseja una escolarización combinada o la escolarización en centro específico, algunos padres montan en cólera y no quieren oír nada más.
Llevo más de veinte años luchando por la integración escolar de los niños discapacitados y puedo hablar con algo de fundamento. Creo que las posturas cerriles e ilógicas se caen por su propio peso; lo que hemos de tener siempre en nuestro punto de mira es el beneficio del alumno, y buscar siempre la respuesta educativa que más se ajusta a sus necesidades reales, y no a los caprichos de unos o de otros. Este es un tema espinoso, susceptible de debate. Pero es una cuestión muy seria porque está en juego el futuro de un niño. No estoy defendiendo, en absoluto, la segregación; sigo luchando con la misma ilusión que hace veinte años por aplicar el principio de normalización. Lo que trato de explicar es que hay que huir de actitudes fundamentalistas que no conducen a nada. He sufrido en mis propias carnes la intransigencia de una madre, me he sentado en un banquillo de acusados, y he tenido que escuchar la amable reprimenda de un juez que luego me daba la razón; y todo ello por aconsejar, con otros compañeros, la escolarización que considerábamos más idónea para una niña discapacitada.
Todo esto nos lleva al principio de esta exposición. Lo que de veras importa es el proyecto de vida de cada niño, comprendiendo que la educación debe buscar el perfeccionamiento de TODAS las facetas de su vida, también del que tiene síndrome de Down.
Hay un tema que me parece oportuno resaltar cuando me dirijo a familias de personas con síndrome de Down. Nunca me ha gustado que se les considerara como diferentes del resto de los padres y madres, por el simple hecho de tener un hijo con una discapacidad. La vieja teoría de la patología anticipada no les ha favorecido mucho, ya que se da por sentado que, por fuerza, ustedes debían tener problemas psicológicos. Cuando se habla con profesionales de la educación, no es raro escuchar frases como «es que los padres de los discapacitados... »; «resulta muy difícil hablar con ellos»; «no se cómo entrarles por si les hago daño en lo que digo». Por eso me dio mucha alegría leer un estudio de finales de los ochenta de Cliff Cunningham, en el que se hablaba por primera vez de NORMALIDAD: los padres y madres de las personas con síndrome de Down son, efectivamente, personas normales, con los mismos problemas y afanes que los demás padres y madres, pero que, sin comerlo ni beberlo, se han visto envueltos en una situación a la que es difícil hacer frente, por compleja, inesperada, agobiante, ya que compromete a lo que unos padres mas quieren: su propio hijo. Hablando recientemente con Maribel Zulueta, una de las pioneras de la atención temprana en España, ambos estábamos de acuerdo en que, pese a las dificultades comunicativas que sin duda existen, los profesionales siempre debemos manifestar un gran respeto hacia los padres, y que esa actitud es la base, e incluso la condición, de una relación armoniosa y fructífera para todos.
Pero para que las cosas funcionen, este respeto debe ser mutuo. Muchos de ustedes están en Asociaciones, en las que hay profesionales que trabajan con vuestros hijos. Les puedo garantizar que se están dejando la piel y que suelen gozar de un enorme prestigio entre los compañeros; sin embargo, justo es reconocerlo, no siempre gozan de la consideración que merecen por parte de ustedes. Estoy seguro de que yo, en su lugar, también les exigiría más para que su trabajo diera mejores frutos. Pero si se ven las cosas con mayor perspectiva, se comprende enseguida que la calidad de los profesionales no es el único factor que interviene en la evolución de un niño. Por eso, pese a hacerme pesado, quiero volver a insistir en la importancia vital de las relaciones entre unos y otros, a fin de crear un clima de confianza y camaradería.
Quiero terminar con unas palabras de una mujer con síndrome de Down, Paloma García-Sicilia: “Educar es preparar para la vida, enseñar para vivir, pero también tenemos que ser inteligentes con el sentido común de lo que nos dará la vida. Los padres suelen estar poco tiempo con sus hijos: están cansados, les duele la cabeza, tienen problemas en el trabajo, tienen estrés. Para saber educar hay que estar con los hijos, esto es lo que podríamos llamar dedicación”.





lunes, 22 de agosto de 2011

El miércoles comienza el I Congreso Internacional de Discapacidad Chaco Argentina


Fuente: http://www.diarionorte.com/noticia.php?numero=70074
Lunes, 22 de Agosto de 2011 - 10:20

El encuentro promueve una sociedad más justa e inclusiva y se desarrollará por primera vez en el Domo del Centenario.

El Ministerio de Desarrollo Social y Derechos Humanos participa en la organización del Primer Congreso Internacional sobre Discapacidad, oportunidad en la que funcionarios de la cartera expondrán acerca de las políticas que realizan los gobiernos nacional y provincial, que promueven una sociedad más inclusiva. Del encuentro que tendrá como sede el Domo del Centenario del 24 al 26 agosto participarán además profesionales y representantes de organizaciones que trabajan la temática.

El Congreso se encuadra en los lineamientos que marca la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad y su protocolo facultativo. Además, se condice con la Ley 26.378 que fue sancionada por la Cámara de Diputados de la Nación en 2008. La normativa propicia el intercambio de estrategias, experiencias y prácticas innovadoras en torno a la accesibilidad, los medios de comunicación, los derechos sociales y la educación respecto de las personas con discapacidad y sus familias.

Ponencias
El primero de los funcionarios de la cartera social que realizará una exposición será el subsecretario de Deportes, Raúl Bittel, que el miércoles 24, en el panel Deportes y Discapacidad, que se realizará de 16.30 a 18.30. Acompañarán a Bittel, Daniel Haylan, de la Comisión Nacional Asesora para la Integración de las Personas con Discapacidad (CONADIS) que disertará sobre "Deportes e Inclusión"; Sofía Dimitroff, representante del Programa provincial "Actividad Física y Salud", que hablará sobre "Sindrome de Down y actividad fisica"; Oscar Herrera, de la Asociación Chaqueña de Deportistas Ciegos y Eugenio Paulone, que estará en nombre del Instituto “Crecer con Todos”.

El jueves 25, Natalia Luque participará del panel “Políticas públicas gubernamentales de Chaco en el marco de la Convención Internacional de las Personas con Discapacidad”, que se realizará en la sala D, de 17.30 a 19. La subsecretaria de Gestión y Articulación Interinstitucional estará acompañada por Ivana Bognano y Eliana Stafuza, del 0800 Discapacidad de la Legislatura; Norma Papinutti, subsecretaria de Educación y representantes del Poder Judicial. Las conclusiones estarán a cargo de Isidro Lorenzo, de la Dirección de Kinesiología y Fisiatría.

Mientras que el viernes, en el cierre del encuentro, en el panel central “La inclusión como valor que cada uno debe crear y desarrollar”, que se realizará de 10.45 a 12.15, la ministra de Desarrollo Social y Derechos Humanos, Beatriz Bogado, dará las conclusiones de ese espacio. En la oportunidad disertarán Ruth Claros-Kartchner, de la Universidad de Arizona (EE.UU.), que tendrá a su cargo la ponencia “Un verdadero modelo de inclusión de la persona sorda”; Orlando Terre Camacho, de la Organización Mundial de Educación, Estimulación y Desarrollo Infantil de Cuba y Zardel Jacobo, que llegará de la Universidad Nacional Autónoma de México.

La cartera social trabaja activamente en la mejora de la calidad de vida y la protección y difusión de los derechos de las personas con discapacidad. A diario se reciben solicitudes, inquietudes y problemáticas que requieren de un accionar inmediato y una respuesta concreta.

Temática y destinatarios
El Congreso tendrá como ejes los marcos conceptuales y herramientas de intervención para la transformación social y la inclusión. Entre los temas específicos figuran los derechos sociales, trabajo y discapacidad, el arte, responsabilidad social empresaria, calidad de vida y accesibilidad.

Por otra parte, se trabajará también sobre la salud, educación, comunicación, entre otros. El encuentro tiene como objeto que las personas con discapacidad, sus familias y trabajadores de la salud y educación, funcionarios de gobierno y ciudadanía en general, asuman el protagonismo construyendo juntos el compromiso concreto en torno de la inclusión social.

Las disertaciones permitirán configurar mapas de diagnóstico e intervención para el posterior diseño de metas estratégicas y posibles acciones a mediano y corto plazo. Por otra parte, este evento será el inicio de una cadena de encuentros sonde se puedan monitorear procesos para dar continuidad a la investigación y desarrollo de experiencias inclusivas.

domingo, 21 de agosto de 2011

Enfermedad neurológica / Afecta a entre 6000 y 8000 argentinos Primer medicamento oral para la esclerosis múltiple Hasta ahora, todos eran inyectables, lo que dificulta la adherencia Por Sebastian Rios | LA NACION



Fuente: www.lanacion.com

Mucho de aquellos que todos los días deben tomar una pastilla para controlar alguna enfermedad crónica -como la hipertensión o el hipotiroidismo- sueñan con que algo los libere de esa tediosa rutina. Pero para quienes diaria o periódicamente deben administrarse el tratamiento a través de inyecciones, el sueño más cercano no es otro que el de una pastilla que los libere de los pinchazos.
Para los pacientes con esclerosis múltiple, ese sueño se ha cumplido. Esta semana fue presentado el primer medicamento oral para la forma más común de esa enfermedad en la que ciertos componentes de las defensas del organismo se vuelven contra el sistema nervioso central; una enfermedad que librada a su evolución natural es altamente discapacitante y que, según se estima, afecta a entre 6000 y 8000 argentinos.
"El fingolimod es un inmunosupresor muy selectivo, que actúa sobre determinadas células del sistema inmunológico (los linfocitos T), lo que evita que ingresen en el sistema nervioso central y causen las lesiones características de la esclerosis múltiple", declaró el doctor Edgardo Cristiano, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Italiano.
El estudio clínico que comparó al nuevo medicamento con uno de los tratamientos convencionales (el interferón beta-1a inyectable) mostró que quienes recibieron fingolimod tuvieron una tasa de recaídas un 52% menor. Justamente, la forma más común de la esclerosis múltiple, llamada "de recaídas y remisiones", se caracteriza por la alternancia de exacerbaciones con períodos en que los síntomas remiten.
Reducir el riesgo de exacerbaciones o brotes implica no sólo extender el período en que el paciente se encuentra libre de síntomas -que van desde alteraciones de la visión y del oído, hasta debilidad muscular, dificultad en la coordinación o incluso parálisis-, sino que evita que se produzcan nuevas lesiones en el sistema nervioso central, cuya acumulación es la que hace progresar la enfermedad y conduce a la discapacidad.

Adiós a las inyecciones

"Las inyecciones me provocaban todos los efectos secundarios que pueden tener: un dolor que me atravesaba la piel y la carne, sensación de estar engripada, dolor de cabeza... Yo me inyectaba el fin de semana para poder ir a trabajar el lunes", contó Elizabeth Spina, de Miramar, que desde hace 13 años convive con la enfermedad, pero que 3 años y medio atrás comenzó a recibir fingolimod, al ingresar a uno de los estudios clínicos que evaluaron su seguridad y eficacia.
Desde entonces, no ha vuelto a tener recaídas. "Para los pacientes es algo muy importante tener la posibilidad de tomar una pastilla y no tener que inyectarse", destacó.
Un estudio realizado en pacientes con esclerosis múltiple reveló que más del 30% de los problemas de adherencia al tratamiento se deben a que es inyectable. "Hay pacientes inyectofóbicos, que serían candidatos a recibir una medicación oral, ya que lo único que los está limitando para recibir el tratamiento es el miedo a las inyecciones", comentó el doctor Fernando Cáceres, director de Instituto de Neurociencias de Buenos Aires (Ineba).
El uso de fingolimod no está exento de efectos adversos; los más frecuentes son dolor de cabeza, gripe, tos, diarrea y un leve incremento de la presión arterial, entre otros. Una particularidad es que la primera dosis puede causar una disminución transitoria de la frecuencia cardíaca, por lo que, al recibir por primera vez el tratamiento, el paciente debe permanecer bajo control médico (en el consultorio o en la institución médica) durante 6 horas.
"Esta precaución debe tomarse también si el paciente retoma el tratamiento después de 15 días o más de no haberlo tomado", dijo el doctor Orlando Garcea, jefe del área de Esclerosis Múltiple del hospital Ramos Mejía. "De presentarse, es un efecto adverso completamente manejable si se conoce el medicamento", dijo el doctor Vladimiro Sinay, a cargo del área de Enfermedades Desmielinizantes de la Fundación Favaloro, para quien el fingolimod "representa una nueva opción de tratamiento con una forma de administración mucho más cómoda".
"En nuestra experiencia -agregó Garcea-, los pacientes se cansan de las inyecciones: a los 5 años, la tercera parte de los pacientes abandonan las inyecciones. Esperamos que el fingolimod resuelva en gran medida estas situaciones."