domingo, 18 de marzo de 2012

El fetiche diferente







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El fetiche diferente

Fuente:www.m-x.com.mx/2010-06-20/el-fetiche-diferente

Devotee y wannabe son los neologismos con que se ha bautizado a aquellos que sienten atracción por las personas discapacitadas. Los primeros oscilan entre la admiración y el deseo sexual, mientras que el segundo grupo lisa y llanamente envidia las lesiones ajenas. Amores bizarros, sexo trash y espasmos de misericordia. Un plato fuerte para siquiatras audaces y lectores un poquitín perversos.
Por Pablo Galfré *
Ilustraciones: Leticia Barradas
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Buenos Aires, Argentina.- Ustedes dirán que exagero, pero les juro que no es así. Ya verán. Todo empezó por casualidad en un puesto de diarios que está en la cosmopolita Plaza Italia. Me encanta mirarlo detenidamente porque hay publicaciones de todo el mundo: siempre observo sus revistas buscando alguna historia rara e interesante por contar. Y así fue como descubrí a la revista El Cisne. Su título de portada me causó intriga apenas lo vi: “Devoteewannabe, el nuevo tabú sexual”. Así comenzó esta historia que no sé cómo terminará. Ya verán.
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Cita textual: Se conoce con el término de devotee (en inglés, ser devoto de, admirador de) a aquella persona que disfruta y siente placer relacionándose sexual o indirectamente con personas con discapacidad física. La discapacidad o la amputación son objetos de su deseo y muchas veces su obsesión. Para el wannabe (del inglés want to be, querer ser) la fuente de placer se encuentra en el deseo de llegar a ser discapacitado, al punto de simular serlo, y en casos extremos, de autolesionarse.
Fuente: revista El Cisne, número 193. Septiembre de 2006.
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Entrevista a María Elena Villa Abrille, quizá la única sexóloga de Argentina que sabe algo sobre devotismo.
–¿Qué es un devotee?
–Es una persona que se siente sexualmente atraída hacia las personas con discapacidad o, que admira cómo ellos llevan adelante sus vidas a pesar de las limitaciones. Pero lo importante es que cuando esta atracción es sólo de tipo sexual puede llegar a transformarse en una obsesión. Más aún, si esta obsesión perdura por más de seis meses, si su único fin pasa por relacionarse sexualmente con personas discapacitadas, estamos hablando de una parafilia.
–¿Y qué sería una parafilia?
–Es el término moderno que se usa para lo que antes se  llamaban perversiones o desviaciones. Cuando la relación se da sin el consentimiento del otro y cuando ese deseo hace daño al otro estamos hablando de parafilias. Si no, puede ser una preferencia sexual más. Eso es en el caso de los devotees.
Pero los wannabes ya son otra cosa, creo que algún trastorno tienen, porque no cualquiera desea ser discapacitado.
–¿Y cómo son los devotees parafílicos?
–Suelen merodear a los discapacitados y su gran deseo compulsivo es tener una relación sexual con dichas personas. Los hombres suelen elegir a las mujeres con amputaciones en las piernas y las mujeres prefieren a hombres en silla de ruedas. El devotee parafílico no se fija en la otra persona ni en el daño que le puede hacer.
–¿Qué opinan las personas discapacitadas de los devotees?
–Atrocidades. Tienen miedo y quieren distinguir bien quién es devotee y quién no. Yo les diría que estén atentos a los devotees obsesivos, pero que estén abiertos a aquellas personas que quieran brindarles cariño genuino. Hay que comprender que el devotismo no es más que una nueva variante de la conducta sexual humana.
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Internet es el lugar donde tanto devoteeswannabes encontraron refugio para armar un mundo paralelo donde pudieran expresarse, informarse y, claro está, calentarse.
Ustedes ahora están a un click de distancia de miles de sitios web que ofrecen fotos de mujeres en ropa interior luciendo sus prótesis o de mujeres amputadas que provocan con sus hermosos cuerpos desnudos –o partes de él–. Así como algunos buscan en YouTube grabaciones de sus aficiones preferidas, los devotees optan por apreciar videos de discapacitadas que bailan con sus sillas de ruedas. Como todo mercado porno/erótico, la oferta es básicamente para la platea masculina. Además, sostiene la sexóloga Villa Abrille, hay 20 por ciento más de devotees varones que mujeres.
Pero los foros son la piedra angular de este cibermundo, la plaza pública donde devotos y discapacitados pueden conocerse, hacer amigos u ofrecerse como humildes servidores de mujeres y hombres postrados.
En uno de ellos –www.disconocernos.com.ar– me topé con deseos que jamás imaginé posibles, con mensajes que no comprendí al principio, con ciertas sintaxis inabarcables. (Los correos electrónicos publicados en este texto pertenecen a personas reales que autorizaron su publicación). Algunos ejemplos:
“Busco chica discapacitada para servirla humildemente. Quiero ser tu criado absoluto. Estar siempre pendiente de ti. Cuidarte sin rechistar y obedecerte por completo. Sin interés sexual ni económico. Admito cualquier tipo de discapacidad. ¡Escríbanme a perrok_@hotmail.com!”
“Busco un hombre discapacitado y sexualmente activo. Soy homosexual y te quiero ayudar. Si eres una persona con capacidades diferentes pero cuya vida sexual es incompleta mándame un mail a hembrita@ardiente.com. No me importa cuál sea tu discapacidad, sino simplemente que seas una buena persona que necesite calmar sus urgencias sexuales”.
“¿Alguien me puede dar un poquito de amor? Tengo 25 años y uso silla de ruedas, por lo cual me es muy difícil encontrar pareja o amigos. La verdad es que necesito conocer a un hombre. A veces me siento muy sola y quiero saber lo que es ser amada y besada, despertar algo más que lastima. Sólo quiero amor. maria_disca@hotmail.com”.
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Rodrigo fue el primer devoto que conocí. Con él puedo decir –no creo que me contradiga–, que ya somos un poco compañeros. Digo esto porque ya nos vimos cuatro o cinco veces y chateamos bastante seguido. Digo esto porque desde nuestra primera cita hasta el día de hoy su vida dio un giro de 180 grados. Ya verán.
Primero –para ir entendiendo un poco qué es todo esto del devotismo– le pido que me explique qué es lo que siente por las personas con discapacidad y él me dice que toda su vida le despertaron admiración, cuando los veía veía subir a un colectivo en silla de ruedas o caminar por el centro con sus bastones y muletas. Admira que sigan adelante a pesar de los obstáculos que les plantea la vida.
Rodrigo me aclara que en el mundo devotee sobre gustos tampoco hay nada escrito. Así como algunos se inclinan por los parapléjicos, otros se sienten exclusivamente atraídos por los amputados. “Pero a mí lo que más me interesa son las desviaciones en la columna y la falta de motricidad. Creo que viene por ese lado. Todo lo relacionado con los aparatos ortopédicos”. Pero aclara que no es que le guste cualquiera que tenga esos impedimentos. Primero le tiene que interesar como mujer, como persona. Igual que a todo el mundo.
Ahora ya no juega más a este juego. Dice que se curó, pero meses atrás cuando caminaba por la calle no podía dejar de mirar a los discapacitados. “Recuerdo observarlos sin poder sacarles los ojos de encima”. Llegó al extremo de cronometrar los horarios de distintos discapacitados para verlos una y otra vez. “Y ahí yo me atormentaba preguntándome por qué me pasa esto. Sin embargo, nunca me cansaba de mirarlos, de admirarlos”.
Estos cuestionamientos se transformaron en pesadillas y en insomnios interminables. En su cabeza rondaba la idea de que era el único al que le gustaban los discapacitados, que vivía una perversión de nuevo tipo. “Entre los devotees decimos: estamos enfermos pero no queremos el remedio. Disfrutamos de la enfermedad. Yo durante un tiempo sufrí con esta enfermedad, pero ahora puedo decir que la estoy disfrutando”. Ya verán por qué.
En una de esas largas noches sin dormir, Rodrigo tuvo una idea extravagante: romperse una pierna a propósito para poder usar muletas. Improvisó un sistema de poleas y colocó un peso sostenido por una soga en lo alto del techo para luego dejarlo caer sobre su pierna.
“Tenía 13 años y ya era consciente de que me atraía el tema.
Quería ver cómo se sentía ser un discapacitado. A último momento me dije ‘qué mierda estoy haciendo’ y tiré todo al carajo”. Por suerte para él, ya dejó de tener estos deseos de mimetizarse con un discapacitado.
Después de esta revelación me siento más en confianza para hacerle una pregunta muy íntima.
-¿Cómo es el sexo con una mujer discapacitada?
–Nunca me acosté con una discapacitada. En realidad nunca me acosté con una mujer en general. Soy virgen.
–Pero tenías fantasías que satisfacías en solitario, ¿no?
-No. Nunca.
– ¡¿Nunca?!
– Te lo juro. Sí estuve desesperado por estar con cualquier tipo de mujer, pero nunca recurrí a eso.
– ¿Y cómo te las arreglabas?
– Cuando tenía 13 años hice unas muletas con unas maderas y durante un tiempo las usé a escondidas en mi casa. Caminaba de acá para allá con las muletas y eso me excitaba mucho. Pero nunca fue una obsesión estar con una persona con discapacidad. En mi caso va más allá del sexo. No soy un fetichista. Yo lo que quiero es una relación de pareja, amar a una mujer discapacitada.
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Carta de una chica que desea ser discapacitada.
Estimados lectores de la Revista C:
Ustedes quizá no puedan comprenderme, pero es así: deseo ser discapacitada. Mi ideal sería ser parapléjica, pero para serles franca me conformaría con mucho menos. Una leve cojera, por ejemplo. Lo que fuese para aliviar un poco esta sensación de estar en un cuerpo que no me pertenece.
La verdad es que no sé por qué deseo ser discapacitada pero sí sé que me pasa desde que era una niña. La intensidad del deseo fluctúa entre la obsesión y una necesidad relativa. Cuando estoy mal de ánimo es cuando más perentoria se vuelve esta cruel necesidad.
Siempre me he sentido muy culpable con todo esto y la verdad es que me parece una falta de respeto total hacia los discapacitados insinuar que lo que personas como yo sentimos es natural o esté bien. Yo no creo que lo sea.
Por otro lado, sé que muchos wannabes serían capaces de ir hasta las últimas consecuencias para conseguir su propósito: provocarse una lesión o amputarse un miembro de su cuerpo.
¡Pero ese no es mi caso! Yo sería incapaz de infligirme el más mínimo daño para llegar a estar paralizada. Entonces tengo claro que mi realización tiene que venir desde otro lado.
¡Espero que algún día la sociedad sepa comprendernos!
Si otro wannabe o quien sea me quiere escribir para intercambiar sentimientos lo puede hacer a downflake@yahoo.es
¡Besos a todos!
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Entrevista con Augusto. Tiene 35 años, un trabajo estable, está casado en un matrimonio que se cae a pedazos y tiene dos hijos. Su esposa desconoce que es devotee. Si lo supiese, huiría.
–¿Qué tipo de discapacidad te atrae?
–Amputaciones de miembros inferiores. Me da lo mismo si es la pierna derecha o la izquierda. Lo que sí me gusta es que la amputación sea por encima de la rodilla.
Hay gente que prefiere una o dos piernas amputadas, yo no tengo preferencia en ese sentido.
–¿Y por qué te atraen las mujeres amputadas?
– No sé, ni me lo pregunto. Al principio sí me cuestionaba por qué tenía estos deseos. Me parecía demasiado raro porque no estaba dentro de lo que son los estándares que te enseñan. Y que te guste algo diferente hace que te hagas un montón de preguntas tipo “¿Por qué me atrae esta persona si supuestamente me debería dar asco?”. Y en un momento me dije “¿Por qué asco? ¿Cuál es la diferencia? Le falta algo, ¿y qué?”. Sigue siendo la misma persona básicamente, ¿o no? Lamentablemente, aún no he podido conocer íntimamente a una mujer amputada.
¿Qué les dirías acerca de ustedes a las personas con discapacidad?
–Yo creo que les cuesta mucho conseguir sexo y desconfían de todo el mundo.
A veces se protegen demasiado y no se dan la oportunidad de conocer a una persona que tal vez pueda gustarles o no. Les diría que salgan más, que se animen, que hay gente que noblemente gusta de ellos.
–En los foros dicen que los devotee son unos enfermos.
–¿Acaso la gente “normal” no es fetichista? A algunos hombres les gustan las culonas y a otros las tetonas. Hay mujeres que se sienten atraídas por los musculosos y otras por los intelectuales. Todos tenemos un objeto de deseo más o menos oculto. Lo importante es no lastimar al otro. Nosotros, los devotos, le damos a las mujeres discapacitadas lo que mucha gente les niega: las dotamos de sexualidad, les damos la oportunidad de seducir al otro, de ser lindas y bellas. Dejemos de ser hipócritas, por favor.
Hace unos días Augusto me llamó y me dio la noticia de que su matrimonio se acabó. Además, que tiene muchas ganas de conocer a una mujer amputada.
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Carta de un mexicano devotee que quiere dejar de serlo.
Estimado Pablo:
Quiero contarte que no amo a la discapacidad, pero desde tiempos inmemoriales me he sentido compulsivamente atraído por damas discapacitadas, sobre todo por las que sufrieron amputaciones. Quisiera borrar de una vez por todas estos deseos que me atormentan.
Te contaré un par de cosas que puedes tomar en cuenta para tu investigación (prométeme que no vas a revelar mi identidad):
1. No sé cómo ni cuándo llegué a ser un devoto: creo que nací así.
2. Nadie sabe que soy un devoto. Me da una enorme vergüenza, me da terror.
3. He bregado fuerte para que esto no permanezca en mí, pero permanece.
4. He luchado, y hasta ahora lo he conseguido, por no dañar a nadie.
5. Esto es una carga emocional muy fuerte que me estresa y me deprime.
6. Vengo de una familia de buenas costumbres y dedico mi vida a trabajar, a ser un buen esposo y un muy buen padre.
Ojalá tu artículo sirva para que la sociedad no mire a los devotos como aberrados sino como personas con psicología especial que necesitan ayuda. Particularmente, yo estoy encontrando ayuda en la palabra de Dios, al menos he encontrado que Él sí me comprende, me perdona y me guía hacia sendas donde no hay maldad.
Te mando un saludo.
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Mi segundo encuentro con Rodrigo fue cuatro meses después y ya todo había cambiado. ¿Recuerdan que les dije que jugaba a seguir a las personas con discapacidad para poder admirarlos? Bueno, ese juego inocente tuvo sus frutos: así conoció al amor de su vida y también la cura a su enfermedad, según él.
Durante cinco años seguidos Rodrigo tomó siempre el mismo colectivo para ir a la misma escuela. Días tras día. Y así fue como durante esos años admiró y observó en secreto a María, una chica discapacitada que utiliza bastones en ambos brazos para agilizar su andar.
“Yo me sentaba lejos de ella para que no se diera cuenta de que la observaba. Alguna vez me pasé de parada para ver dónde se bajaba. Me llamaba mucho la atención su destreza al bajar del colectivo”.
Pero al terminar el bachillerato concluyeron también los viajes en colectivo y así Rodrigo no pudo admirar más a María. Hasta que un día, un amigo discapacitado de Rodrigo, sin saber que él admiraba en secreto a María, le pasó el correo de ella. Finalmente se conocieron. Primero chatearon un tiempo e intercambiaron inquietudes, hasta que tuvieron su primera cita. “Cuando la vi fue amor a primera vista. No sé qué es lo que me impactó, pero fue muy fuerte”.
Salieron varias veces más hasta que se hicieron novios. Rodrigo la llevó a su casa para presentársela a la familia. Seguramente su madre, como todas las madres, esperaba otra cosa. Quien entró fue una hermosa niña rubia y de ojos verdes, pero con un pequeño detalle: a causa de una enfermedad congénita, María tiene una malformación en la médula espinal que la obliga a usar bastones para caminar.
Su madre rechazó a la flamante pareja, pero Rodrigo y María se fueron a vivir juntos a una pequeña pensión y su  vida cambió radicalmente.
“A partir de María me curé. Yo no discuto que estamos enfermos. Sí, lo estamos, pero no todas las enfermedades son malas. Me sigue atrayendo el tema discapacidad, pero no sexualmente hablando. Antes de María, al ver a una mujer discapacitada, me excitaba. Ahora ya no, ahora veo a una persona más y punto”.
Esta particular historia de amor merece un paréntesis. María no sabe de la larga etapa en que Rodrigo la observaba furtivamente. No sabe que su pareja es un devotee.
“Aún no se lo dije. Cuando se calmen más las cosas lo haré. No sé cómo va a reaccionar. Tengo mucho miedo de que diga que estoy enfermo y que me deje. Y yo tan sólo la amo”.
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Carta de una devotee que no tiene ningún problema con ser devotee.
Querido Pablo:
Me llamo Marcela, tengo 30 años y soy nicaragüense.
Déjame contarte que desde muy pequeña he sentido atracción por los hombres en silla de ruedas. Crecí y mis fantasías fueron tornándose recurrentes e inexplicables para mí. Sin embargo, nunca he tenido contacto con personas discapacitadas: alimento mis fantasías con películas, telenovelas e internet.
Utilizo mi imaginación más que nada pues mi atracción no es sexual, es romántica. Mis fantasías pasan más por el amor, aunque amor también implica, claro está, sexo. Pero sin segundas intenciones, más bien lleno de entrega y dulzura, caricias y mimos.
A partir de la web conocí el término devotee. Descubrí con asombro mensajes de gente como yo tratando de establecer contacto con discapacitados. ¡Al fin encuentro gente como yo! Lo digo con orgullo: ¡soy una devota! Por primera vez en mi vida sé que no soy la única persona en el mundo que siente y ama de esta manera.
¡Qué locura! Hay hombres discapacitados que sueñan con una mujer que los valore y los ame y hay mujeres que sueñan con un hombre discapacitado a quien amar y entregarle su vida, pero paradójicamente el mundo nos impone los prejuicios que evitan que nos conozcamos. ¡Qué mundo cruel el nuestro! ¡Cuántas cárceles en nuestras cabezas!
Espero que tu artículo sirva para que devotees y personas con discapacidad nos conozcamos entre sí y ser más felices.
¡Besos para todos!
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El testimonio de Abel:
Abel es mi nombre. Desde niño siento admiración por las personas con discapacidad. Recuerdo que una vez estaba jugando con un muñeco y de golpe se le salió la pierna. En vez de ponérsela, jugué a que saltara sin ella. Eso me causó toda una sensación. Sí, tuve una erección, me escondí en el baño y me masturbé. En ese momento, a los 12 o 13 años, sentí que eso estaba mal. Supuse que se me iba a pasar pero transcurrieron los años y eso nunca cambió.
Yo lo único que hice durante todo este tiempo fue esconder mis verdaderos sentimientos.
Antes de saber que existía el devotismo me sentía un enfermo total. Vivía deprimido y angustiado pensando que era la única persona en el mundo que sentía deseos sexuales por los hombres amputados. Porque además de ser devotee, soy homosexual. ¡Ja, ja! No me falta nada, ¿no?
Y bueno, el año pasado, investigando en internet, encontré mucha información y conocí a devotos y a discapacitados que no nos discriminan. Descubrí que no soy el único con estos deseos. Y la verdad que encontrar respuestas y dejar de sentirme un perverso fue un alivio muy grande. No sé si te das cuenta, pero la web nos salva la vida.
Mi primera experiencia sexual con un hombre amputado fue hace ya algunos años. Lo que me llamó la atención la primera vez que lo vi, obviamente, fue que le faltaba una pierna y que tenía sus muletas a un costado. Me puse muy nervioso. El sólo hecho de hablarlo me acelera el latido del corazón. Tomé coraje, me le acerqué y le mentí: como estaba muy bien vestido le dije que era médico y que si necesitaba algún tipo de rehabilitación yo se la podía dar gratuitamente. ¡Y él me dijo que no había ningún problema!
Al día siguiente vino a mi casa; nos acostamos. Y él estuvo muy predispuesto a las revisiones. Que se dejara revisar era como hacer un sueño realidad. Se facilitó todo porque tenía una mente muy abierta.
Él se dio cuenta que yo no era médico y me sinceré: le dije que me atraía mucho por su amputación. Mi asombro fue mayor porque él me respondió: “Te entiendo, está todo bien”. Y yo le digo: “¿Pero no te molesta?”. “No, para nada. Si quieres tocar, toca”, me dijo señalando su muñón.
Fue una aventura fabulosa. Nos vimos varias veces más con intervalos muy largos, porque él vive viajando, es libre. Es más, actualmente no sé ni dónde está. Me gustaría saber de él, verlo una vez más aunque sea.
Yo ya acepté lo que me pasa, que soy devotee, y lo vivo con una cierta normalidad. Pero lo que me jode es no conocer a alguien que sea gay, amputado y que quiera tener algo serio. Eso es lo que realmente quiero. ¿Puedo dejar mi mail? Quizá alguien quiera conocerme. Eso espero: adt3113@hotmail.com. ¿Lo anotaste?
*  *  *
Devotee-catalan@hotmail.com dice:
–Hola. ¿Qué tal? ¿De dónde eres?
Titi-mari@hotmail.com dice:
–Hola, todo bien. De Argentina. ¿Y vos?
–De España. ¿Eres discapacitada?
–Sí.
–¿Y qué discapacidad tienes?
–Soy parapléjica. ¿Y vos?
–Yo no. A mí me gustan las mujeres como tú. ¿Vas en silla desde hace mucho?
–Tres años.
–¿En qué te afecta tu discapacidad?
–Las piernas y un poco las manos.
–¿Y puedes mover tus piernas?
–No, nada.
–¿Tienes alguna foto de tu cuerpo entero?
–Sí, ¿por qué?
–Me gustaría verte.
–¿Para?
–Para saber cómo eres.
–A ver si adivino: sos devotee.
–Sí, así es. ¡Lo soy!
–¿Y por qué te gustan las personas discapacitadas?
–No lo sé. Desde chaval me ocurre. Ya no me pregunto por qué.
–¿Saliste con personas discapacitadas?
–Sí, varias veces.
–¿Con qué fin?
–Como con cualquier otra persona. He tenido algún rollo si es lo que preguntas.
–¿Qué te gustan más, las mujeres discapacitadas o no discapacitadas?
–Las discapacitadas.
–Súper raro.
–Sí, algo raro sí que soy. Je je je.
–¿Y qué te atrae de los discapacitados, su personalidad o discapacidad?
–Las dos cosas.
–Y bueno, gustos son gustos.
–Así es. Ha sido un placer conocerte. Me voy a la cama.
–Lo mismo digo. Chau, besos. La próxima te mando la foto.
–Besos para ti. ¡Y espero la foto con ansiedad!
*  *  *
Después de mi último encuentro con Rodrigo me quedé un poco preocupado. Estaba por revelarle a su novia discapacitada que él es devotee.
“Tengo mucho miedo que diga que estoy enfermo y que me deje. Y yo tan sólo la amo”, fue lo último que me dijo.
Hace pocos días me lo encontré por la calle y me dio dos muy buenas noticias. La primera, que María comprendió con hidalguía su devotismo y que él la ama más allá de su discapacidad. Luego de esta revelación, Rodrigo se arrodilló ante ella y le propuso casamiento. María aceptó.
En estas relaciones extrañas, también existe el  happy end.

* Este reportaje se publicó originalmente en la Revista C,
del diario Crítica de la Argentina, editado en Buenas Aire


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