jueves, 9 de febrero de 2012

El palcer de elegir

08 febrero 2012

Simposio: "El placer de elegir" 

Fuente: http://sexualidadespecial.blogspot.com/2012/02/simposio-el-placer-de-elegir.html?utm_source=feedburner&utm_medium=email&utm_campaign=Feed%3A+MitologaDeLaSexualidad+%28Mitolog%C3%ADa+de+la+Sexualidad%29

Fuente: AWIPH - Bélgica.
VER ARTÍCULO ORIGINAL
Agradecemos a Vincent Fries; la posibilidad de publicar el presente material


Resumen de la propuesta y presentaciones del simposio "El placer de elegir", realizado los días 2 y 3 de febrero de 2012; en Bélgica y organizado por  la AWIPH (material en idioma original).


Regalo de la elección - 2 y 3 de febrero 2012




Presentación "El Viernes 03 de febrero de 2012 más de 300 personas con discapacidad, representantes políticos, profesionales, profesores universitarios, padres, estudiantes, periodistas, estuvieron presentes para escuchar, discutir y debatir sobre la vida emocional y sexual de las personas con discapacidad. Esto demuestra el nivel de demanda y la necesidad de dar respuestas adecuadas.

Alice Baudin, Jefe Adjunto de AWIPH, señaló: "La sexualidad es un derecho fundamental de los seres humanos con todo lo que implica más allá del puro placer! Es como comer, beber, respirar es un factor esencial para nuestro equilibrio físico y psicológico. Ningún ser humano debe ser privado. Sin embargo, las personas con discapacidad siguen teniendo grandes dificultades para acceder a una vida afectiva y relacional"(...). "Así que entre el prejuicio y el miedo, se hace  una exaltación de la sobreprotección y la moral". 

¿Cómo salir de los prejuicios y el peso de una cierta moral en una sociedad donde la imagen prevalece en detrimento de las ideas y el respeto a las personas? ¿Cómo garantizar el derecho a la privacidad? ¿Cómo respetar la intimidad cuando uno se ve expuesto a la atención en primer plano casi de manera constante? ¿Cómo superar el "yo estoy a favor de la paternidad de las personas con discapacidad" y "Yo nunca confiaría a mis hijos a estos padres?" Etc.. Muchas ideas y trabajados se han presentado dentro de los seis talleres del simposio.

Catherine Aghté-Diserens, sexopédagoga (Suiza) y Jean-Michel Longneaux filósofo de la Universidad de Notre-Dame de la Paix (FUNDP), dirigieron los cursos de acción para encontrar más opciones para las personas con discapacidad en el respetando del derecho a una vida emocional y sexual de acuerdo a las necesidades y oportunidades de cada uno.

Para compartir y realizar una reflexión más profunda, las actas de la conferencia serán publicadas aquí a finales de marzo. Mientras tanto, se encuentra disponible la descargar de las presentaciones realizadas".



Presentaciones (mañana)
Prise de paroles Mme Alice Baudine
Prise de paroles Mme Eliane Tillieux
Vie affective et sexuelle en lien avec les handicaps : quels réels choix pour quelles offres concrètes ?
A qui appartient le désir et à qui appartient-il d’offrir la réponse au désir ?


Talleres
Désir d’enfant, parentalité, contraception
Sexualité et autisme
Sexualité adaptée et adaptation sexuelleBrochure complémentaire
Handicap physique et sexualité : le choix du corps accord ?
Résumé des idées
Le rôle des tiers dans les services (institutions)
Lignes de conduite
Presentación  detallada de los talleres


Presentaciones (tarde)
L’assistance sexuelle, une suppléance entre rien et tout !


Bibliografía
Bibliographie (non exhaustive) "sexualité et handicap pluriels"


Fotografías
 Visionner le diaporama de la journée


miércoles, 8 de febrero de 2012

IMPORTANTE

Nuevas becas para estudiantes con discapacidad
Fuente: http://www.cilsa.org/2012/02/nuevas-becas-para-estudiantes-con-discapacidad/
8 de febrero de 2012
CILSA abrió la inscripción para acceder a las becas de educación superior 2012, otorgadas a través de su Programa Nacional de Becas y Oportunidades (PRO.BE) desde 2009.
Por cuarto año consecutivo, llamamos a todas las personas con discapacidad que no puedan acceder a estudios universitarios, terciarios o de posgrado a aplicar estas becas, las cuales les permitirán terminarlos o comenzarlos.
Hoy, el PRO.BE se encuentra en pleno desarrollo con más de 75 personas que reciben este beneficio en todo el país. Por eso invitamos a quienes este año se animen, con el objetivo de poder seguir acompañando el proceso de formación académica de más personas con discapacidad.  Nuestra meta es superar, en el transcurso de este año, los cien becarios.
Además, buscamos fortalecer el vínculo que nos une a las casas de estudio a las que asisten los alumnos becados, y ampliar esta red para que, juntos, podamos ayudar a los interesados a acceder a las herramientas o adaptaciones necesarias para que puedan avanzar en sus estudios superando los obstáculos o las barreras que muchas veces tiene la discapacidad.
En la actualidad contamos con la participación de las Universidades Nacionales de Salta, Rosario, Córdoba, Buenos Aires, La Plata, Mar del Plata, del Litoral, del Comahue  y la Universidad Tecnológica Nacional (Regional Santa Fe).

Discapacidad. diseñan un modelo para medir la calidad de vida de familias con miembros con discapacidad intelectual


Fuente: http://ecodiario.eleconomista.es/sociedad/noticias/3731896/02/12/discapacidad-disenan-un-modelo-para-medir-la-calidad-de-vida-de-familias-con-miembros-con-discapacidad-intelectual.html
Enlaces relacionados
(7/02)
'la Caixa' destina 3.200 euros en un proyecto turolense para personas con discapacidad intelectual (4/02)
Más de 470 personas con discapacidad intelectual consiguen empleo en 2011 con la ayuda de Feaps Andalucía (31/01)
Discapacidad. más de 4.000 personas con discapacidad intelectual, atendidas en 2011 por feaps y el ayuntamiento de madrid (30/01)
Discapacidad. feaps madrid pone en marcha un portal de empleo adaptado a las personas con discapacidad intelectual (29/01)
 ¡Tu opinión nos interesa! Debate con nosotros
- La herramienta, diseñada por cinco universidades españolas, se ha cedido a Feaps para su utilización
MADRID, 08 (SERVIMEDIA)
Cinco universidades españolas han diseñado un modelo para medir la calidad de vida particular de las familias que tienen entre sus miembros alguno con discapacidad intelectual y mejorar así su cotidianeidad, que han cedido a Feaps para su explotación gratuita.
Según informó este miércoles la Confederación Española de Organizaciones en favor de las Personas con Discapacidad Intelectual (Feaps), la herramienta quiere servir para evaluar la situación particular de las familias con miembros con discapacidad intelectual o del desarrollo y tiene su origen en las investigaciones sobre el tema llevadas a cabo en distintos países.
El modelo, que se ha adaptado a las peculiaridades de la cultura española, permite desarrollar dos escalas para la medida de la calidad de vida: una para familias con hijos de 0 a 18 años y otra para las que cuentan con hijos ya mayores de edad.
El trabajo que ha llevado al desarrollo de este modelo lo han realizado la Universidad Autónoma de Madrid, la de Las Palmas de Gran Canaria, la del País Vasco, la de Sevilla y la Ramón Llull y lo han hecho gracias a un proyecto de I+D financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación entre 2006 y 2010.
Las cinco universidades han acordado ceder a Feaps el resultado de su investigación, para su uso gratuito y desinteresado.
La confederación pretende que este modelo y escala pueda mejorar la forma en que se analiza la calidad de vida de las familias españolas que cuentan con algún miembro con discapacidad intelectual o del desarrollo, con el fin de intentar mejorar los servicios, apoyos y atención que reciben.
Para aplicar correctamente este modelo, Feaps está ultimando un manual y una herramienta informática que permitirá a todas las entidades del movimiento asociativo usarlo "de manera fácil y rápida".
(SERVIMEDIA)
08-FEB-12
IGA/caa

miércoles, 1 de febrero de 2012

Hábitos, rituales, costumbres y flexibilidad
en las personas con síndrome de Down
 

2ª parte


Dennis McGuire y Brian Chicoine

Fuente: http://www.down21.org/web_n/index.php?option=com_content&view=category&id=1099:articulo-profesional&Itemid=169&layout=default


Cómo afecta el estrés a los hábitos/rituales

Hasta ahora, hemos establecido lo que constituye un hábito realmente maladaptativo frente a lo que es sencillamente una conducta rara o absurda. Ahora es necesario que hablemos sobre algunas de las otras causas o factores estresantes que motivan los hábitos maladaptativos en las personas con síndrome de Down. Para esto hemos de tener en cuenta un concepto, sencillo pero importante, y es que estas personas tienen una gran propensión a repetir las ideas o las conductas, una vez que éstas han comenzado. Por desgracia, esto puede abarcar ideas o conductas que no siempre son apropiadas, y que pueden incluso suponer una seria amenaza para su salud y su bienestar, y que son, por tanto, maladaptativas. Por ejemplo, muchas familias se quejan de que el adulto con síndrome de Down adquiere “malos hábitos” primero imitando, y después repitiendo las conductas de los demás, como agitar las manos, dar golpes, rascarse la piel, e incluso fingir ataques. Las personas con síndrome de Down también pueden desarrollar rutinas maladaptativas cuando eligen opciones inadecuadas con respecto a su conducta, y después esto se convierte en una pauta habitual. Por ejemplo, pueden “acostumbrarse” a quedarse levantados hasta muy tarde viendo películas o la televisión, mientras se dedican también a consumir alimentos o refrescos poco saludables.
            Asimismo, hemos de considerar que esta propensión a generar hábitos puede conducir a la adquisición de hábitos maladaptativos cuando alguien está experimentando demasiado estrés. Esto sucede porque los hábitos representan tendencias o caminos preexistentes, que se convierten después en conductos naturales para expresar el estrés. En otras palabras, un hábito es similar a cualquier tipo de predisposición física. Por ejemplo, las personas pueden tener predisposición para sufrir dolores de cabeza, o para tener problemas estomacales o intestinales, que se activan durante los periodos de estrés. Estas áreas parecen ser los “puntos débiles” de esas personas, y ahí es donde se localizan los síntomas físicos colaterales del estrés. De forma similar, la tendencia de las personas con síndrome de Down para adquirir rutinas y hábitos puede desembocar en costumbres que se vuelven inflexibles e improductivas como consecuencia del estrés.
            El proceso específico para adquirir un hábito problemático puede explicarse si tenemos en cuenta la asociación que existe entre los hábitos y el proceso químico cerebral de un trastorno obsesivo-compulsivo. En una situación de estrés mantenido, las sustancias químicas cerebrales necesarias para activar la sinapsis existente entre las terminaciones nerviosas (neurotransmisores) pueden volverse deficitarias y, por consiguiente, más similares a las deficiencias químicas observadas en los trastornos obsesivo-compulsivos. Como consecuencia de ello, el hábito puede volverse más rígido y maladaptativo. Por ejemplo, en una situación de estrés, una persona que normalmente sea un tanto flexible, puede adherirse con rigidez a alguna rutina, como la de ducharse todos los días a las 7 de la tarde, aunque esa actividad le impida realizar otra que anteriormente le gustaba, como ir al cine, por ejemplo. Otro ejemplo común es obsesionarse tanto con algún famoso, o con algún asunto amoroso (real o imaginario), que esta preocupación comience a interferir con las actividades en casa o en el trabajo.
            En resumen, las personas con síndrome de Down suelen tener tendencia a repetir ideas y conductas que pueden ser enormemente beneficiosas, pero también una fuente de problemas más serios. Irónicamente, los hábitos maladaptativos pueden resultar muy útiles como método de comunicación. Así como las costumbres adaptativas constituyen un medio poderoso para expresar las opciones y las preferencias de las personas, de igual modo un hábito inflexible puede ser un medio poderoso para expresar la presencia de problemas de salud, sensoriales, sociales, o de estrés emocional. Esto es semejante al concepto del dolor físico, que puede ser la única clave que revele la existencia de un problema de salud. Un hábito inflexible puede manifestar el estrés referido a cualquier área del funcionamiento, como por ejemplo, problemas de salud, deficiencias sensoriales, o estrés ambiental, en casa o en el trabajo.

Interpretar los hábitos “inflexibles”

Hemos comprobado que los hábitos inflexibles pueden expresar una advertencia general de que la persona con síndrome de Down está experimentando estrés. Pero además, pueden comunicar mensajes más específicos sobre algún problema. He aquí algunos.

Indicaciones de dolor o de problemas físicos
          
            Volviendo a la analogía del dolor de cabeza, un dolor de cabeza puede ser una advertencia general de un problema de salud, mientras que también apunta más específicamente a la zona de la cabeza, como una sinusitis, por ejemplo. Igualmente, un hábito inflexible, como las idas continuas al cuarto de baño, pueden parecer una advertencia general sobre un problema, pero también pueden estar indicando un problema de salud concreto, como una infección de vejiga o de riñón. En algunos casos, a las personas con síndrome de Down que han tenido gestos rituales de tocarse o pellizcarse la cara o las orejas, se les han descubierto problemas serios de sinusitis u otitis. Actos similares a los descritos pueden servir para alertar a los cuidadores sobre la presencia de deficiencias visuales o auditivas.
            Creemos que los problemas físicos provocan una mayor sensibilidad en la zona afectada del cuerpo, que entonces dispara y pone en marcha un patrón o una conducta repetitivos. Cuando un adulto con síndrome de Down tiene un hábito inflexible, siempre es importante llevarlo al médico, además de a un profesional de la salud mental, especialmente si el adulto presenta un hábito que tenga alguna asociación con el cuerpo, o con alguna función corporal.

            Henry presionaba repetidamente con la mano su propio recto. En nuestro Centro le fue diagnosticado un doloroso e incómodo problema de vejiga, que le impedía orinar. Su acción le proporcionaba cierto alivio, porque estimulaba la vejiga para orinar. Sus actos, aunque fuesen poco ortodoxos y alarmantes, también surtieron efecto pues alertaron a sus cuidadores sobre la existencia de un serio problema de salud, y porque apuntaban a la zona específica donde se hallaba el problema. Como podrán imaginar, esto provocó también que el personal le prestara ayuda inmediata, especialmente teniendo en cuenta que Henry no era muy cuidadoso lavándose las manos, y que embadurnaba de heces las paredes de su piso tutelado, y del cuarto de baño. El tratamiento subsiguiente de su enfermedad de la vejiga, que resultó satisfactorio, terminó por eliminar el problema. A pesar de todo, Henry tardó algunos meses en abandonar esta costumbre, después que se hubiera resuelto su problema de salud.


Problemas sensoriales y hábitos

            Los problemas sensoriales, referidos al tacto, al gusto, al olfato o a la vista, también pueden desencadenar hábitos inflexibles. Este tipo de hábitos suelen hacer sonar una alarma general, pero también pueden ser indicativos de un problema sensorial específico. Por ejemplo, el tacto o la sensibilidad táctil, es probablemente una de las principales razones que subyace en las preferencias fuera de lo común que tienen algunos adultos con síndrome de Down en relación con su ropa. Por citar un caso, hemos visto a muchos adultos que sólo usan ropa suave y holgada, como pantalones de chándal, por ejemplo, debido a una aparente sensibilidad a determinados tipos de tejidos. Más de uno se niega también a ponerse unos vaqueros nuevos, y otros no aceptarán ponerse ningún tipo de ropa nueva. Algunas personas incluso intentarán ponerse la misma ropa todos los días, o el mismo “uniforme”, compuesto por las mismas camisetas desgastadas y los mismos pantalones usados.
            Los familiares suelen ingeniárselas aportando soluciones creativas y otras adaptaciones para afrontar esta idiosincrasia. Por ejemplo, si un adulto sólo usa un equipo, independientemente de la ocasión (una boda, un encuentro con el Presidente, etc.), existe el remedio del lavado de ropa nocturno mientras la persona duerme. Otras familias lavan la ropa nueva veinte veces antes de que el adulto se la ponga, compran vaqueros especiales que vienen desgastados ya de fábrica, o adquieren ropa de segunda mano, previamente seleccionada.
            Por suerte, hemos notado que estos problemas aparecen y desaparecen según el grado de estrés que el adulto esté experimentando, o dependiendo de su madurez y de otros factores. En consecuencia, las personas son a veces más capaces de probar diferentes soluciones para resolver estos problemas. Por ejemplo, puede que un adulto esté mejor dispuesto a probar prendas diferentes del chándal, como podrían ser unos pantalones cortos de algodón fino, en las temporadas más calurosas del año, o pantalones largos de algodón suave, que quizá sean más apropiados para las ocasiones más formales. Afortunadamente también, muchas de las personas que tienden a usar un equipo, o sólo un uniforme, cambian periódicamente a otra cosa distinta. Aun así, si el problema se sale de control y comienza a interferir en las actividades básicas en casa o en el trabajo, nosotros hemos ayudado a algunas personas a volverse un poco más flexibles utilizando estrategias conductistas y, cuando ha sido necesario, utilizando medicación (fármacos inhibidores de la recaptación de serotonina).
            Muchas personas con síndrome de Down también tienen rituales referentes a los alimentos, que pueden convertirse en hábitos maladaptativos. Una de las muchas causas posibles es una aversión a ciertas texturas y a ciertos sabores en la boca. Las personas con este problema suelen ser tildadas de melindrosas, porque con frecuencia rechazan determinados alimentos. A veces, estas personas rechazan ciertos tipos de alimentos basándose en sus experiencias previas con los mismos, pues en el pasado los tomaron preparados de una forma que no les gustaba (crujientes, poco hechos, etc.). Con el tiempo, y utilizando el sistema de ensayo y error, casi todas las familias descubren los alimentos suficientes y los modos de prepararlos, para que resulten del gusto del individuo. Unos pocos adultos con síndrome de Down adquieren una aversión a los alimentos más extremada, y pueden incluso negarse a comer. Afortunadamente, este problema no es frecuente ni suele durar mucho, y los que lo tienen generalmente responden bien a la medicación y a la terapia conductual.
            Otro problema sensorial frecuente en los adultos con síndrome de Down es un tipo de percepción de la profundidad de campo, u otros problemas visuales derivados de ésta, que hacen que para ellos resulte difícil subir escaleras o pasar por superficies desniveladas o irregulares. Parece que este problema suele acrecentarse con la edad, aunque algunos individuos lo tienen ya desde niños. Normalmente, no es un problema incontrolable. La mayoría de estas personas siguen caminando por superficies irregulares (incluso por superficies mojadas o nevadas), y también siguen subiendo y bajando escaleras, sólo que lo hacen muy despacito y con mucho cuidado. Sin embargo, algunas personas adquieren hábitos y desarrollan rituales en torno a estas dificultades, lo que, en ocasiones, puede causar problemas. Por ejemplo, hemos notado que muchos de estos individuos tienen dificultades para utilizar las escaleras de los auditorios, las salas de cine o los estadios deportivos, especialmente cuando estos lugares están a oscuras o muy atestados.
            Muchas personas intentan sobrellevar este problema moviéndose muy lenta y metódicamente, lo que no siempre es práctico si, por ejemplo, acuden a un acto que se celebra en un local muy grande.  Sin embargo, normalmente las familias resuelven este tipo de problemas llegando con algo de antelación, y esperando después, para salir, hasta que casi todo el mundo lo haya hecho. Aun así, algunos individuos se niegan de plano a acudir a este tipo de eventos, probablemente debido a otras experiencias negativas que han tenido anteriormente. Esto puede convertirse en un problema más serio, si también afecta a la habilidad de la persona para utilizar las escaleras situadas en los lugares a los que resulta inevitable acudir, como los centros comerciales, la escuela o el trabajo. Por lo general, estos problemas implican trastornos de ansiedad, y también un hábito maladaptativo más serio (trastorno obsesivo-compulsivo).
            La aparición de los hábitos inflexibles también puede deberse a muchas otras clases de problemas sensoriales. Éstos pueden manifestarse como movimientos repetitivos manuales o corporales, incluyendo conductas autolesivas leves, como levantarse las costras de las heridas, morderse los dedos, etc. La causa de estas conductas es diversa, y a veces conlleva ansiedad e incluso tics que la persona no puede controlar conscientemente. Sin embargo, este tipo de conductas repetitivas también puede estar relacionado con problemas sensoriales, que incluyen los que mencionamos anteriormente relativos al tacto, al gusto, la vista, el oído y el olfato, y también a otras áreas menos conocidas como la propiocepción y el sistema vestibular (que tiene que ver con el movimiento y la orientación del cuerpo en el espacio). Quien mejor puede evaluar estos problemas es un terapeuta ocupacional, profesional especializado en problemas de integración sensorial. Los terapeutas ocupacionales han venido realizando grandes progresos desde hace más de 25 años, identificando y resolviendo los problemas derivados de las disfunciones del complejo sistema sensorial.

Indicaciones de estrés ambiental

            Un hábito rígido también puede indicar la presencia de algún tipo de tensión ambiental. Uno de los mensajes más corrientes expresados por un hábito inflexible es un mensaje de elusión. Con frecuencia, un hábito inflexible que se utiliza para evitar alguna cosa, se desarrolla a partir de otro hábito que servía originalmente para relajarse. Por ejemplo, como dijimos anteriormente, las personas con síndrome de Down suelen relajarse repitiendo una actividad agradable en un espacio tranquilo o privado. A medida que aumentan en su entorno las tensiones o los conflictos, es posible que comiencen a pasar cada vez más tiempo en sus espacios privados, realizando las actividades que les relajan o que les absorben. Algunos adultos se mueven más despacio y se vuelven todavía más meticulosos para llevar a cabo sus rutinas matutinas, con la finalidad de rehuír algún problema en la escuela o en el trabajo. Si consiguen ser lo suficientemente lentos, puede que pierdan el autobús, y de paso eviten el conflicto.
            Existen muchos y muy diferentes conflictos o situaciones que las personas pueden tratar de evitar, por ejemplo, las agresiones físicas o verbales, o a un cuidador (padres incluidos) sobreprotector o demasiado entrometido. En el trabajo, los adultos con síndrome de Down pueden intentar evitar los conflictos o las tensiones con los demás, así como el bullicio y el aburrimiento del trabajo, y tal vez lo hagan quedándose en un sitio tranquilo, como la cabina de un cuarto de baño.

Otras razones

            En otras ocasiones, el mensaje de un hábito rígido es una clara expresión de algún asunto que tiene poca importancia o gravedad. Por ejemplo, puede que algunos individuos adquieran hábitos rígidos en relación con su arreglo personal, cuando van entrando en la etapa de conciencia de su propia imagen en la adolescencia. (Recuerde que ésta suele comenzar más tarde en los adultos con síndrome de Down, en comparación a la población general) Por ejemplo, es posible que se peinen o que se cepillen el pelo excesivamente, o que una y otra vez se pongan y se quiten distintos equipos por la mañana, tratando de descubrir el que mejor les sienta.
            Las conductas impropias o extrañas, como decir o dibujar repetitivamente algunas cosas con contenido sexual o violento, pueden servir para alertar a los demás sobre la posibilidad de que se esté produciendo un abuso físico o sexual. Por ejemplo, cuando de pronto Gary comenzó a dibujar reiteradamente unas figuras con explícito contenido sexual, se investigó cuidadosamente y se llegó a descubrir que Gary estaba siendo objeto de abusos sexuales. El tratamiento adecuado, después de haberlo apartado de la situación abusiva, produjo una reducción en su conducta repetitiva.

(Continuará)





Hábitos, rituales, costumbres y flexibilidad
en las personas con síndrome de Down


1ª parte


Dennis McGuire y Brian Chicoine

Fuente: http://www.down21.org/web_n/index.php?option=com_content&view=category&id=1090:articulo-profesional-&layout=default&Itemid=169


Don se levantaba todos los días a la misma hora, e invariablemente seguía la misma rutina. Primero se tomaba las tostadas y el zumo, después se afeitaba, se duchaba y se vestía con igual meticulosidad. Tanto sus padres como su jefe podían contar con que estaría aseado y bien arreglado para su trabajo. Su jefe también podía contar con su puntualidad y con la buena realización de sus tareas laborales. Después del trabajo, Don se tomaba un tentempié, hacía sus tareas domésticas (sacar la basura, poner la mesa), y se aseguraba de que todo estuviera ordenado en su habitación. Todos los martes lavaba su ropa; los miércoles, recogía la casa y pasaba la aspiradora. Después de cenar, se relajaba en su cuarto con sus películas o su música favorita, mientras escribía en su cuaderno o hacía puzzles de sopa de letras. Los sábados se levantaba a la misma hora para desayunar, y después afeitarse, ducharse, vestirse e ir a jugar a los bolos y, más tarde, acudir a un club social. Su familia se acostumbró a esperar de él esta regularidad y Don, por su parte, era muy fiable en sus rutinas.

Hemos comprobado que una enorme cantidad de personas con síndrome de Down, igual que Don, necesitan la monotonía, la repetición y el orden en sus vidas. Llamamos a esta tendencia hábito, ritual, rutina o costumbre fuertemente arraigada. Estas tendencias rutinarias son tan comunes en las personas con síndrome de Down, que lo raro es que no se observen. Resumiremos los conceptos sobre los diferentes tipos de hábitos o costumbres y sobre sus ventajas y desventajas. Después, trataremos sobre los medios para identificar y resolver los problemas derivados de los “hábitos o rituales inflexibles”.

¿Qué es un hábito/ritual?

Se podría definir de manera sencilla como el patrón o rutina que se ha establecido en las acciones o pensamientos de una persona. Todos nosotros tenemos hábitos en nuestras vidas cotidianas pues, de lo contrario, no podríamos hacer nada en absoluto. Por ejemplo, si todos los días tuviésemos que repensar cuándo o cómo ducharnos, lavarnos los dientes, ponernos los calcetines, atar los cordones de nuestros zapatos y hacernos las tostadas, nunca llegaríamos a salir de casa por las mañanas. Multipliquemos esto por todas las demás acciones automáticas y rutinarias que realizamos todos los días en casa, en el trabajo y en nuestra comunidad, y comprobaremos fácilmente que el mundo sin los hábitos se quedaría parado.

Los individuos con síndrome de Down son especialmente buenos en este asunto de tener y seguir sus propios hábitos en la vida cotidiana. Muchos de ellos los siguen con un grado de precisión que dejaría impresionado al más puntilloso de los contables. Ejemplos de las costumbres que nosotros hemos observado son los siguientes:
•    Tener un orden y un horario fijos para los hábitos diarios, incluyendo las rutinas fijas de la mañana, la tarde y la noche, y las laborales, así como las rutinas que son relajantes. Por ejemplo, muchas de estas personas dibujan, o copian palabras o letras durante su tiempo libre en casa.
•    Ser muy meticulosos en el cuidado de su aspecto y de su aseo personal, así como en el de sus habitaciones y sus cosas. Las personas con síndrome de Down suelen tener un lugar determinado para los muebles y para el resto de sus pertenencias en sus cuartos, o en los lugares en que viven. Los objetos que los demás mueven o cambian de sitio suelen ser restituidos inmediatamente a su posición original.
•    Elaborar rutinas en relación con otras actividades menos frecuentes, como por ejemplo, un método fijo para hacer las maletas, para pedir en los restaurantes, o para celebrar las bodas, los bautizos, para pasar las vacaciones, etc.
•    Tener rutinas focalizadas en sus preferencias personales para cosas o personas como son la música, los equipos deportivos, las actividades sociales y recreativas, los ídolos y personalidades; o también para asuntos más personales, como son un pariente predilecto, o un interés amoroso. Estas preferencias ayudan a definir quién es el individuo a partir de lo que le gusta hacer y de las personas con quienes le gusta hacerlo.


Ventajas de los hábitos/rituales

Mantener ciertos hábitos tiene sus ventajas. Los hábitos dan un sentido importante de orden y estructura a las vidas cotidianas de las personas. Son muy beneficiosos para aumentar la independencia. Una vez que se ha aprendido una actividad, y que ésta se vuelve parte de la rutina diaria, se realizarán fielmente las tareas aprendidas. También pueden incrementar la independencia y mejorar el rendimiento en el entorno laboral. Son muchos los empresarios que suelen quedarse impresionados por la fidelidad y precisión con que las personas con síndrome de Down ejecutan sus tareas rutinarias en el trabajo, y por la puntualidad con que siguen los horarios.

Utilizar los hábitos para relajarse

Las actividades rutinarias también pueden servir de refugio para el estrés y las tensiones de la vida cotidiana, en casa o en el trabajo. Estas actividades suelen consistir en repetir una determinada acción que sea del agrado de la persona, en un lugar tranquilo o privado, actividad que a veces forma parte de la rutina diaria. En casa, el espacio privado de la persona suele ser el cuarto de baño o su habitación. Algunas de las actividades más frecuentes que les gusta repetir consisten en leer, escribir o dibujar, oír música, ver la televisión o los vídeos, revisar las fotos familiares, o tener hobbies o hacer manualidades, como por ejemplo, bordar u ordenar los objetos de sus colecciones. De hecho, algunas de las actividades más frecuentes podrían parecer muy poco comunes, como el copiar letras o palabras en una hoja, o en un cuaderno, u ordenar sus habitaciones. Sin embargo, no hay duda de que resultan relajantes para el individuo. En el cuarto de baño, las actividades relajantes consisten en tareas de limpieza o de aseo, o simplemente en sentarse y descansar.

En el trabajo, repetir una actividad relajante puede dar a estos adultos un breve pero valioso respiro para descansar de la interacción con los demás, del bullicio y del jaleo del lugar de trabajo, y del tedio laboral. En el trabajo, el espacio elegido casi siempre es el cuarto de baño, porque suele ser el único lugar donde hay un poco de tranquilidad y de intimidad. Al igual que en casa, las rutinas relajantes pueden consistir en asearse, o simplemente en sentarse y descansar en uno de los compartimentos. Debra, una oficinista de 32 años, suele relajarse durante los recesos del trabajo oyendo música por sus auriculares, o haciendo “sopas de letras” en su escritorio.

Hábitos relacionados con el aspecto personal y las pertenencias propias
           
Para las personas con síndrome de Down también son muy beneficiosos los hábitos referentes al cuidado meticuloso de su propio aspecto, de su habitación y de sus cosas. Ir bien arreglado y bien vestido transmite a los demás una imagen de orgullo, de respeto propio y de dignidad, y puede incrementar el orgullo y la estima que uno siente por sí mismo. Esto resulta especialmente importante para las personas con síndrome de Down, cuyas características físicas distintivas señalan inequívocamente su diferencia. Esta diferencia les hace susceptibles a la discriminación a la que puede estar expuesto cualquier grupo minoritario. El orgullo propio que se deriva de la atención prestada al aseo y al aspecto personal ayuda mucho a reducir el efecto estigmatizador que causa el ser diferente.

Hábitos en el orden

Los hábitos en el orden son también muy importantes para las personas con síndrome de Down.  El orden supone tener limpios y organizados el propio cuarto, los muebles, la ropa y los demás objetos personales, como las cintas de vídeo, las fotos, los CDs, etc. Cuando ordenan y organizan, muchas de ellas sienten la necesidad de cerrar las puertas y los armarios, y de apagar las luces. También son muy cuidadosas cuando doblan y guardan su ropa en los cajones, o la cuelgan en sus armarios. Si se hacen muy extremadas, estas tendencias relativas al orden pueden resultar difíciles de sobrellevar para la familia, como se describe más adelante y con más detalle en la sección “Desventajas”.

 Hábitos relacionados con las preferencias personales

Por último, y lo que es más importante, el ritual/hábito es un poderoso medio de expresión y de comunicación. Esto es especialmente cierto en el caso de las personas con síndrome de Down, que tienen una capacidad limitada para expresarse verbalmente. Cada uno de los hábitos es una declaración, clara e inequívoca, de una opción o de una preferencia personal. Por ejemplo, los hábitos y las rutinas cotidianos manifiestan la forma en que uno decide organizar y controlar cosas como el aseo, el aspecto y los objetos personales; la participación en las actividades sociales, recreativas y laborales; las preferencias personales en relación con la música, las aficiones y las realizaciones artísticas. Las elecciones de cada persona, a su vez, ayudarán a formar y a definir su propio estilo y su propia personalidad, que son únicos.

Para algunos, los hábitos pueden incluso desempeñar un papel de salvavidas. Por ejemplo:

            Cassie, de 28 años, tiene síndrome de Down y también una enfermedad genética que causa un deterioro muscular progresivo e irreversible que, finalmente, desembocará en una muerte prematura. Esta terrible enfermedad ya le ha costado la vida a todos sus hermanos, menos a uno. Cassie es muy consciente de su situación, pero incluso así, sigue conservando una firme actitud positiva frente a la vida y frente a la gente que la rodea. De hecho, la primera vez que la vimos, uno de los aspectos que más le costaba sobrellevar de su enfermedad no era ni el dolor ni la incomodidad que ésta le causaba, sino que añoraba a sus amigos del trabajo, o de sus actividades sociales, porque con frecuencia se encontraba muy cansada o muy enferma para salir y para verlos.
                Descubrimos que la primera razón por la que Cassie es capaz de mantener su actitud positiva se debe a que ha creado una serie de rutinas que no sólo son enormemente relajantes, sino que además le permiten conectarse con los demás. Fieles a la naturaleza de los hábitos, estas rutinas suelen producirse a una hora y en un orden preestablecidos. Por ejemplo, Cassie suele comenzar por una de sus actividades favoritas que consiste en elaborar una de sus listas interminables de cosas en el ordenador. Después suele dedicar un rato a escribir amables cartas a sus amigos y a otros miembros de su extensa familia. Por último, escribe cuidadosa y meticulosamente sus pensamientos personales en su diario.
                A pesar de su enfermedad y de las muchas pérdidas que ha sufrido en su vida, estas rutinas le dan a su tiempo libre un perfil y una forma que sirven para cumplir, como mínimo, tres objetivos importantes. Primero, puede evitar la desesperación, porque sencillamente está demasiado ocupada para compadecerse de sí misma. Segundo, sus cartas le permiten conectarse con su familia y con sus amigos, aunque no sea personalmente. Gracias a su extraordinaria memoria visual, se llega a sentir casi como si estuviera hablando con ellos mientras les escribe. Incluso es capaz de escribir a sus familiares fallecidos que están “en el cielo”, lo que le proporciona un enorme alivio. Tercero, a través de sus cartas y de su diario, puede expresar sus sentimientos –incluyendo los sentimientos positivos, y también sus temores y su preocupación por su enfermedad, y por el gran sentimiento derivado de la pérdida de sus familiares. Como los hábitos, estas actividades se repiten fielmente todos los días, garantizando así que va a seguir beneficiándose con su realización.

Desventajas de los hábitos/rituales

Aunque son muchos los beneficios y las ventajas derivados de los hábitos, también puede haber problemas y desventajas. Algunos de estos problemas no son serios, o no lo son necesariamente si los demás los tratan adecuadamente. Por ejemplo, un adulto con síndrome de Down puede tener interés en un tema determinado, como puede ser un equipo deportivo predilecto, y sacarlo a colación reiteradamente ante la familia y los amigos. Esto puede significar un pequeño fastidio para los amigos, pero no supone necesariamente un problema que interfiera con los ámbitos importantes de la vida del adulto.

También existen hábitos que pueden ser útiles si se realizan en el momento o en los lugares adecuados, pero que pueden ser problemáticos si se llevan a cabo en el lugar o en los momentos inoportunos. Por ejemplo, la costumbre de limpiar el cuarto de baño puede ser muy apreciada por los demás miembros de la familia, salvo que se efectúe por la mañana, cuando todo el mundo necesita prepararse para ir a trabajar. Un plan mejor podría ser programar esta tarea como una rutina vespertina. Igualmente, al gerente de un restaurante puede agradarle mucho lo limpios que mantiene los cuartos de baño un empleado con síndrome de Down, siempre que los clientes no tengan que hacer largas esperas hasta que concluya su meticuloso trabajo. La mejor alternativa será que el empleado realice su trabajo cuando haya pocos clientes, o antes de abrir el restaurante.

No es infrecuente que los hábitos relativos al orden se vuelvan problemáticos, en mayor o menor grado. Por ejemplo, nos han descrito que algunas personas “tienen su propio sentido del orden”. Organizan las cosas en su habitación “precisamente de ese modo”, pero no necesariamente de una forma que los demás consideren ordenada, o siquiera práctica. Los libros, la ropa, las cintas de vídeo, el papel, etc., pueden estar dispuestos en diferentes montones sobre el suelo, lo que puede ser un inconveniente, y dificultar el paso por la habitación e incluso su limpieza.

Algunos adultos tienen el hábito de doblar y guardar hasta la ropa usada. Otros pueden pasar demasiado tiempo ordenando sus pertenencias, o volviendo a ordenar la ropa doblada o colgada “precisamente así”, lo que puede retrasar una salida o interferir con otras actividades. Estos adultos pueden “sobre-ordenar” todo, desde la ropa o los muebles de todos los días, pasando por las revistas u objetos de interés especial, hasta las cosas únicas o inusuales, como papeles recortados, tapones de botellas, etc.

Guardar cosas como estos objetos únicos o absurdos, al igual que fotos, revistas, recuerdos, plumas, CDs, etc, es otra costumbre bastante frecuente. Muchas personas con síndrome de Down llevan consigo las cosas que guardan, o las cosas especiales, y guardan cuidadosamente sus objetos especiales en bolsas o mochilas, que llevan dondequiera que van. Esta conducta se vuelve menos adaptativa y puede llamarse de acaparamiento, cuando conlleva resistencia a desprenderse de los objetos, cuando las mochilas se vuelven excesivamente pesadas, o cuando los objetos acumulados incluyen basura o artículos desechados. (Ver la conducta de acumulación en el Capítulo 16).

Una costumbre menos adaptativa sobre el orden también podría implicar la insistencia en hacer siempre las cosas del mismo modo, como por ejemplo, sentarse en la misma silla, o en el mismo sitio fijo para comer, usar siempre la misma taza, disponer los alimentos “precisamente así” en el propio plato, etc.

El ritmo para llevar a cabo las rutinas es también un área de inflexibilidad en algunas personas con síndrome de Down. Por ejemplo, los intentos para hacer que vayan más deprisa sólo pueden desembocar en que vayan más despacio todavía. A veces, cuando se les presiona demasiado, responden quedándose como paralizados (a lo que algunas familias se refieren diciendo que “se bloquean”). Puede que hasta reinicien la secuencia de la rutina una y otra vez. Nos han contado que esto suele suceder durante las rutinas de la mañana, cuando hay poco tiempo para levantarse de la cama y salir de casa. Esto también puede suceder cuando hay cambios inesperados de última hora, respecto a los planes cotidianos. Por otra parte, el bloqueo también puede producirse como respuesta a un cambio más significativo en la vida del adulto. Por ejemplo:

            Susan, de 39 años, solía negarse a salir por las tardes a sus actividades recreativas con los otros cinco residentes de su piso tutelado. Este rechazo había creado un creciente resquemor entre sus compañeros, a quienes sí les gustaban sus salidas regulares. Resulta que Susan se había mudado hacía poco desde otra residencia, que compartía con quince mujeres mayores, que tenían un estilo de vida más sedentario y que salían mucho menos que sus actuales compañeros.
                En un intento por resolver el problema, el personal del piso comenzó a comportarse con Susan de forma cada vez más enérgica, porque ellos pensaban que su argumento para quedarse en casa –no perderse su baño de las 7 de la tarde–, era una excusa absurda. Como era de prever, respondió a los intentos de presionarla oponiendo aún más resistencia. Al principio, ralentizaba su ritmo para prepararse y lógicamente retrasaba la salida. Cuando la presión aumentó, ya no sólo ralentizaba su ritmo hasta el máximo, sino que también se volvió más meticulosa para vestirse y asearse, y reiniciaba la rutina una y otra vez, hasta que fuera “del modo exacto” que ella quería.
                Como resultado de una reunión que sostuvimos en nuestro Centro con todas las partes implicadas, recomendamos que Susan se mudara a un nuevo piso, con residentes de más edad, pues creímos que esto se ajustaría mejor a sus necesidades. Antes de poder llevar a cabo este proyecto, se presentó una segunda opción. Surgió una propuesta para que los residentes de varios pisos tutelados cercanos entre sí salieran juntos, por lo que sobraba un miembro del personal que podía quedarse en el piso con Susan. Este último plan fue el que se adoptó finalmente, pues era la mejor opción para ella. Curiosamente, a medida que comenzó a sentirse cada vez más cómoda e integrada en el piso, también empezó a participar con mayor frecuencia en las salidas que se planificaban. Esto mejoró notablemente sus relaciones con los otros residentes, y también surtió efectos beneficiosos en el control de su peso.

Naturalmente, en nuestro trabajo en la clínica oímos hablar sobre las rutinas, pero también hemos aprendido a respetar sanamente los hábitos de nuestros internos y empleados con síndrome de Down en nuestro Centro. En la mayoría de los casos, hemos podido encontrar la fórmula para que las rutinas funcionen con estas personas de forma que realicen las tareas de oficina que se les asignan de forma fiable. Sin embargo, a veces las rutinas originan problemas sin importancia. Por ejemplo, un hombre tenía una hora fija para almorzar -a las 12 en punto-, y no podía ajustar su rutina de trabajo para almorzar a las 12 y media, junto con los demás compañeros de la oficina. Pudimos dejarle que tuviera su propio horario para comer, pero esto implicaba perderse un tiempo beneficioso de relación social con los demás empleados. Afortunadamente, después de pasar varias semanas animándolo con delicadeza, aceptó al fin almorzar con los otros empleados. En algunos casos, hemos aprendido simplemente a no meternos en el camino de la gente cuando está realizando su rutina. Por ejemplo, hemos aprendido a tratar de no interrumpir a las personas con síndrome de Down que están haciendo fotocopias, para que nos dejen hacer rápidamente “una copia nada más”. Sencillamente, les resulta demasiado molesto.

Problemas más serios

En algunas ocasiones, un hábito puede convertirse en un problema más serio y, a veces, puede incluso ajustarse a los criterios de un trastorno obsesivo-compulsivo. El hábito puede convertirse en un trastorno de este tipo si va acompañado de pensamientos repetitivos (obsesiones), o de conductas repetitivas (compulsiones), que interfieran considerablemente las actividades normales y básicas de la vida. Por ejemplo, un hábito se convierte en un problema importate si las rutinas de la mañana o de la tarde se vuelven tan complicadas y minuciosas que la persona que las practica falta a su trabajo reiteradamente, o se pierde las actividades sociales que le son beneficiosas.

Riesgo de hábitos maladaptativos

Las personas con síndrome de Down son más susceptibles de adquirir hábitos maladaptativos que el resto de la gente. Después de la depresión, los hábitos maladaptativos son el segundo problema de salud mental más comúnmente diagnosticado en nuestro Centro. Como aspecto positivo, los hábitos maladaptativos, especialmente en la forma de un trastorno obsesivo-compulsivo más serio, no son inevitables en los adultos con síndrome de Down. Los hábitos parecen estar claramente fundamentados en la propia química cerebral de la mayoría de estos individuos, pero hemos comprobado que los hábitos tienen diferentes grados de intensidad en las personas con síndrome de Down.

Una forma de contemplar los hábitos consiste en compararlos con el concepto de temperamento. El temperamento es un término psicológico aceptado que hace referencia a los rasgos o características propios de nuestra personalidad innata –la que nos es consustancial–, y que rigen nuestros estados de ánimo y nuestra naturaleza emocional. Cualquiera que tenga más de un hijo, podrá dar fe de las diferencias temperamentales que cada hijo muestra desde el momento de su nacimiento. Esto no quiere decir que las familias, u otros agentes externos, no ejerzan una decisiva influencia sobre el temperamento- sino que existe un potente componente biológico que desempeña un papel preponderante en todos los aspectos de las emociones y estados de ánimo de cada uno de nosotros. Parece que los hábitos también tienen una base biológica intrínseca pero, como sucede con el temperamento, parece existir una amplia variación en la intensidad de estas tendencias. Dicho de otro modo, algunas personas tienen una tendencia inherente a una mayor intensidad o rigidez en sus hábitos que otras. Hemos observado que esto puede afectar al grado en que una persona es susceptible de desarrollar hábitos maladaptativos. Además, en nuestra experiencia, las personas con mejores habilidades adaptativas, en sentido general, suelen ser más flexibles y menos propensos a contraer hábitos más severos, o trastornos obsesivo-compulsivos.

El continuum de los hábitos

¿Cómo se desarrollan los hábitos maladaptativos en las personas con síndrome de Down? Para comprender esto, puede resultar provechoso que visualicemos los hábitos como un continuum, desde el más adaptativo hasta el más maladaptativo:

Más adaptativo →  menos adaptativo →  maladaptativo  → trastorno obsesivo-compulsivo

La parte izquierda de este continuum representa los hábitos adaptativos, que creemos son esenciales para la subsistencia diaria y para el funcionamiento de todo el mundo, incluyendo a las personas con síndrome de Down. Los hábitos posibilitan a las personas la realización eficaz de sus tareas diarias, tanto en el cuidado personal, como en el trabajo. Podríamos ir un poco más lejos, y afirmar que los hábitos son la base de nuestra propia subsistencia, y que constituyen los cimientos y la estructura de la sociedad civilizada.

Si está más próximo al centro del continuum, un hábito puede convertirse en algo menos adaptativo y menos funcional. Esto sucede cuando las personas se adhieren con demasiada rigidez a una costumbre, o cuando ésta no tiene una finalidad útil. Las familias suelen iniciar sus descripciones de estos tipos de hábitos con la frase “no sé por qué lo hace, pero…”. Por ejemplo, algunas personas con síndrome de Down sienten el impulso de repetir la misma pregunta una y otra vez, a pesar de conocer la respuesta de antemano. Otros ejemplos frecuentes son la necesidad de colocar los muebles, o los objetos personales, de una habitación “precisamente así”, apagar y encender las luces repetidamente, o cerrar las puertas varias veces al salir de casa o de una habitación. Entre los hábitos también pueden figurar los pensamientos o las actividades repetitivos que no tienen una finalidad funcional real, incluso aunque alguna parte de esas actividades sí sea funcional. Por ejemplo, comer es algo necesario, pero no hay ninguna necesidad de colocar la propia silla “justamente así”, ni de sentarse siempre a la mesa para cenar exactamente en el mismo sitio. Tampoco es necesario disponer la comida en el propio plato de forma que los diferentes alimentos no se toquen entre sí.

Incluso en el caso de las personas cuyos hábitos son indiscutiblemente adaptativos, existen siempre unas cuantas áreas que son pensamientos o conductas repetitivos, absurdos o inexplicables. Lo cierto es que la mayoría de nosotros tenemos ciertos pensamientos o conductas repetitivos y sin sentido, como contar para nosotros mismos, comprobar varias veces si la cocina está apagada, limpiar meticulosamente, u ordenar las cosas “exactamente así”. ¿Qué es, pues, lo que pasa? Tenemos que reconsiderar una vez más que el proceso químico cerebral que da lugar a nuestros hábitos puede fluctuar, u obedecer a deficiencias químicas en la mayoría de los casos, lo que origina ciertas conductas “sin sentido”.

Entonces, ¿cuándo podemos decir que un hábito es patológico? En realidad, independientemente de lo ilógica, extraña o absurda que pueda parecer una determinada conducta repetitiva, ésta no tiene por qué ser maladaptativa, ni cumplir los criterios de un trastorno obsesivo-compulsivo, salvo que interfiera con el funcionamiento normal de un individuo en los ámbitos fundamentales de su vida social, doméstica o laboral. Por ejemplo, colocar la silla o la comida “exactamente así” es algo raro pero no es un problema, salvo que esa actividad nos impida comer nuestros alimentos de forma oportuna. Igualmente, repetir las preguntas o los comentarios sobre las celebridades favoritas, las vacaciones o los equipos deportivos predilectos, es algo que puede volver un poco locos a los demás, pero no sería algo problemático, salvo si la preocupación interfiriera con las actividades sociales o del trabajo.

Moviéndonos algo más hacia el extremo derecho del continuum, se llega a un punto en el que la costumbre comienza a interferir las actividades de la vida, y se vuelve cada vez más maladaptativa. Una vez que el pensamiento o la conducta repetitivos comienzan a interferir considerablemente las actividades de la vida normal, entonces se cumplen los criterios de un trastorno obsesivo-compulsivo. Es importante mencionar que hemos observado una diferencia en la forma en que el trastorno obsesivo-compulsivo se presenta en la población general, y en cómo lo hace en los adolescentes y adultos con síndrome de Down. En la población general, la característica distintiva de este trastorno son las ideas extrañas o perturbadoras que interfieren en el pensamiento de la gente, lo que a su vez origina las clásicas y debilitantes manías, y las conductas repetitivas que adquieren las personas para intentar evitar, o para controlar, esas ideas perturbadoras. Por ejemplo, los miedos ilógicos a la suciedad o la infección pueden desembocar en rituales de lavado repetido. Lo que hace de esto un problema que precise tratamiento no son necesariamente los pensamientos extraños, sino el cambio resultante de la conducta, que interfiere en la vida de las personas.

En cambio, los individuos con síndrome de Down tienen muchas menos posibilidades de presentar pensamientos perturbadores asociados con las compulsiones. Esto tal vez se deba, en parte, a las limitaciones en su lenguaje expresivo, que pueden dificultar la conceptualización y la comunicación de tales pensamientos, o quizá se deba a que la mayoría de estos individuos no tengan estas ideas perturbadoras –al menos, no de una forma consciente. Sin embargo, hay casos en los que sí podemos inferir que existen pensamientos perturbadores. Por ejemplo, hemos tratado a unas cuantas personas que pasaban excesivo tiempo duchándose o realizando tareas de limpieza, lo que parecía indicar la existencia de temores relativos al contagio a causa de la suciedad, los gérmenes, u otras sustancias perjudiciales. Los miedos irracionales también pueden deducirse de los rituales o hábitos que terminan por eludir de forma reiterada ciertas actividades específicas, como las salidas fuera de casa, o montar en coche. Incluso en los casos en que estos miedos al contagio o a la inseguridad parecen obvios, las personas con síndrome de Down casi nunca son capaces de verbalizar sus miedos ni sus preocupaciones, ni siquiera cuando se lo pide una persona de su confianza. Independientemente de ello, la presencia o la ausencia de un pensamiento perturbador no son tan importantes como la presencia del comportamiento repetitivo que está interfiriendo en sus vidas.

Puede reducirse la intensidad de los hábitos maladaptativos si se consigue disminuir el estrés, y si se puede desviar el hábito hacia fines más productivos y mejorar la flexibilidad, como puede ser el realizar tareas de cuidado personal o actividades laborales. El modo de conseguirlo será expuesto en la segunda parte de este trabajo.








Novedades en Libros

Panorama de Libros

Fuente: http://www.down21.org/web_n/index.php?option=com_content&view=category&id=1096:panorama-de-libros&Itemid=169&layout=default


          
Síndrome de Down: Relaciones afectivas y sexuales

Beatriz Garvía Peñuelas
Fundación Catalana Síndrome de Down
Barcelona 2011
98 páginas

ISBN: 978-84-938517-3-6

 
Comentario

La sexualidad de las personas con síndrome de Down está sometida a una serie de mitos, prejuicios y miedos que poco tienen que ver con la realidad. Su sexualidad no es una sexualidad especial: existe por sí misma, se expresa como parte integrante de la personalidad y está mediatizada por las necesidades afectivo-sexuales que aparecen a lo largo de la vida. Desde una perspectiva psicoanalítica, este pequeño libro ofrece herramientas para reflexionar sobre la sexualidad de las personas con síndrome de Down; para manejar la ansiedad que produce en familias y profesionales; y para analizar algunos de sus aspectos legales. La clave está en comprender cómo vive la sexualidad la persona con síndrome de Down: sus manifestaciones y respuestas, las dificultades que plantea el entorno y la importancia de la educación sexual. Es evidente que no hay única manera de entender y vivir la sexualidad y que las diversas culturas ofrecen su propia dimensión. La respuesta por tanto no es única. Por ello, y a partir de la realidad presente en el síndrome de Down, cada persona deberá proceder a adaptar esa realidad a su interpretación de la sexualidad, a su actual circunstancia y a su entorno cultural.

 
    
Vida independiente: El derecho a decidir
Fundació Catalana Síndrome de Down
Barcelona 2011
114 páginas
ISBN: 978-84-938517-2-9

Comentario

Es un librito que recoge las ponencias de una Jornada que organizó la Fundación Catalana Síndrome de Down el 15 de diciembre de 2010, con motivo de celebrar el X aniversario de su Servicio de Apoyo a la Vida Independiente, denominado “Me voy a casa”. Veinticinco personas —personas con discapacidad, familiares, representantes de distintos organismos, entidades y de federaciones locales, profesionales y administraciones—, comparten un espacio de diálogo, reivindicación y experiencias personales, en ese camino por alcanzar la meta de la vida independiente para las personas con discapacidad que así lo deseen.


          
Down Syndrome Parenting 101 – Must-have advice for making your life easier
Natalie Hale
Woodbine House, Inc., Bethesda, MD. USA
ISBN: 978-1-60613-020-9
240 páginas
Precio: 19,95 dólares USA



Comentario

Magnífico libro, lleno de sentido común, en el que la autora, madre de un adulto con síndrome de Down, bien experimentada y profesora durante más de 20 años,  desgrana la manera de criar y enseñar a un hijo con síndrome de Down, desde que nace hasta la edad adulta. Y lo hace con un enorme sentido del humor, energía, ejemplos claros, optimismo, realismo y al mismo tiempo ilusión de futuro, consciente de que hay que crear al hijo un espacio en el que él va a ser responsable. Por eso toca los mil temas que surgen cada día desde una perspectiva cargada de sentido común. Quien sepa inglés lo disfrutará. El libro está prologado por la gran escritora Marta Beck, que nos cuenta: “A menudo digo que tener un hijo con síndrome de Down es una experiencia que yo no desearía a mi peor enemigo —pero se la desearía a mi mejor amigo”.








Un análisis de sangre puede reconocer el Síndrome de Down
Nota de prensa (09/01/2012)
Fuente: http://sid.usal.es/noticias/discapacidad/42054/1-1/un-analisis-de-sangre-puede-reconocer-el-sindrome-de-down.aspx
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Este 2012 es un año de esperanza para los padres que esperan un hijo y quieren tener la certeza de que el bebé por venir no tiene la anomalía genética conocida como “trisomía 21”. Un examen de sangre que no representa ningún riesgo, es la alternativa que hoy presenta la medicina en Alemania.

El síndrome de Down es un trastorno genético causado por la presencia de una copia extra del cromosoma 21 (o una parte del mismo), en vez de los dos habituales (trisomía del par 21), caracterizado por la presencia de un grado variable de discapacidad cognitiva y unos rasgos físicos peculiares que le dan un aspecto reconocible. Por su fisionomía, a los afectados se les llamaba popularmente, “mongólicos”.

Cuanto más avanzada sea la edad de la mujer embarazada, más probabilidades existen de tener un hijo con fallas en la división de los cromosoas, la más común es justamente el síndrome de Down.

“Durante la toma de prueba de líquido amniótico hay un riesgo de 0,3 a 1% de provocar un aborto”, dice Michael Entezami, ginecólogo del Centro de Diagnóstico Prenatal y Genética Humana, de Berlín. La toma consiste en introducir una aguja a través de la piel de la embarazada hasta llegar al útero y sacar una parte del líquido en el que “nada” el feto. En este líquido “nadan” también células del bebé que son sometidas a un examen genético para establecer si hay trastornos del cromosoma 21, o sea si el bebé por nacer sufrirá del síndrome de Down.

En ocasiones es mejor hacer tres exámenes diferentes. A este arriesgado procedimiento se someten unas 70.000 mujeres alemanas cada año. Por eso “el examen de sangre es para nosotros un alivio”, dice el médico Entezami, que investiga desde hace 20 años la materia.

En una prueba de sangre de la madre se puede encontrar hasta el 5% de “material fetal” y la placenta. Por lo general, la placenta es genéticamente idéntica con el feto en desarrollo. La prueba de sangre para la identificación del símdrome de Down “tiene una certeza de éxito del 98 por ciento”, agrega Entezami. Aunque no pueden descartarse errores.

Michael Entezami recomienda empero, agregar a la prueba de sangre, otro examen durante la semana número 11 del embarazo, que es un diagnóstico por imágenes de ultrasonido. Si el feto presenta una bolsa de líquido en la nuca, la madre debería solicitar una prueba de líquido amniótico para descartar que el bebé no tiene trastornos genéticos.

¿Qué causa el síndrome de Down?
No se conocen con exactitud las causas que provocan el exceso cromosómico, aunque se relaciona, estadísticamente, con una edad materna superior a los 35 años. Las personas con Síndrome de Down tienen una probabilidad superior de padecer enfermedades cardiacas y de los sistemas digestivo y endocrino, debido al exceso de proteínas sintetizadas por el cromosoma de más.

Los avances actuales en el descifrado del genoma humano están desvelando algunos de los procesos bioquímicos subyacentes a la discapacidad cognitiva, pero en la actualidad no existe ningún tratamiento farmacológico que haya demostrado mejorar las capacidades intelectuales de estas personas. Las terapias de estimulación precoz y el cambio en la mentalidad de la sociedad, por el contrario, sí están suponiendo un cambio cualitativo positivo en sus expectativas de vida.